martes, 8 de mayo de 2018

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Te pienso
Tengo una erección, pero no es por eso
Veo la televisión y bebo una coca-cola
Hay un comercial muy gracioso de
Cerveza
Siento ganas de beber cerveza
También siento la erección molestándome, el jean aprieta
Siento que todo lo que soy se dirige hacia allí
Y crezco
Y crece
Y no entiendo

Me desvanezco 
Me convierto en un impulso 
Me dirijo por el espacio vacío
Hay inmensidad
Hay frío
Hay tibieza

Soy una onda que entra al ciberespacio
Choca con una galaxia de senos hermosos
Se zambulle allí

Todo es tan vacío
Me siento perdido

Me veo a mí mismo recostado en un mueble, con la laptop en
las piernas
Quieto, muerto
A veces pequeños temblores sacuden el cuerpo, agoniza
En el rostro hay una expresión que se confunde entre el
Placer, el descanso y el desespero
Se queda allí viendo hacia el techo por horas
Hasta que la vida le devuelve 
Hasta que siente en las carnes la realidad de ser ellas
La imaginación ha muerto

Nunca me he masturbado frente a nadie
Ustedes son los primeros

Pienso en los libros que tengo en la mesa y aún no leo
O he ojeado descuidadamente o
He decidido no leer
He usado los derechos del lector de pennac a mi antojo
He usado los derechos de forma amañada

Te pienso, pero esto no es por eso

Quiero terminar de escribir pero creo no poder hacerlo
Cuando las cosas no tienen sentido se dirigen hacia
Todas partes
Están en todas partes
Igual que dios

Amenazaron a mi familia
Primero dijeron que vendrían a casa y se llevarían todo lo
Que tenemos
Dijeron luego que vendrían y tomarían lo que fuera necesario
La vida entraba en ese inventario
Hubo miedo, también mucho enojo
Guardo un arma bajo mi almohada 
Sueño con mis puños ensangrentados y con un grito lleno de
ira
Despierto con ansiedad 
Soy silencioso
Pero mi mente es un torbellino que piensa en hacer el mal

Ya no creo en la poesía como lo hacía antes
Ya no creo en muchas cosas con las que antes soñaba
Quiero ser algo muy distinto de todo eso
Quiero hacer las cosas que nunca antes hice

Quiero ser este poema y quiero ser olvidado

miércoles, 21 de febrero de 2018

Un poema confesional.




Me levanté a las nueve de la mañana
Sentí frío.
Lo que llevo del día he visto videos sobre
el general Rafael Uribe Uribe.
Un liberal colombiano que mataron a hachazos 
afuera del capitolio nacional,
En Bogotá.
Me senté en la mañana sobre las piernas de mi madre.
Me dijo que estuviera tranquilo,
Que disfrute estar con ellos. 
No quiere verme triste. 
Ayer fue un día difícil.
El viaje duró mucho y en Cali me esperaba mi padre.
Lo abracé. 
Supongo que pensó en mi llanto como felicidad,
o algo así.
Él estuvo feliz y me acompañó a tomar un taxi.
Fui solo a casa.
Mi hermana me esperaba fuera. 
Abrace muy fuerte a mi madre. 
Saludé a los niños que estaban escondidos, 
salieron gritando para asustarme de debajo de la cama. 
Amo con todo mi corazón. 
Estoy de nuevo en casa de mis padres. 
No sé cómo estar tranquilo.
No sé qué significa en este momento. 

12:34 


sábado, 23 de diciembre de 2017

Crack Vol. 4

Descargar Crack Vol. 4 clic aquí

Queríamos escribir, pero en Navidad no hay mundiales de fútbol.
Así que nos inventamos este Crack Vol. 4 Especial navidad.
Con una sola consigna: que estuviera presente esta época de fanfarria y vítores, aunque también de soledad y dramas. Pero, como no podía ser de otra manera, se nos coló el fútbol: desde Uruguay, Miguel Avero nos trae una historia de competitividad furibunda, adolescentes llevando la pasión del futbol (y la calamidad biliosa del alcohol) a sus últimas consecuencias; también hay drama, pero reinterpretado al modo de la sátira en lo que nos escribe Sico Pérez, desde Colombia, y aquí hay fútbol y hay Navidad, pero también hay una reinterpretación de los hechos: vemos la trastienda hipotética del asalto al Palacio de Justicia de Bogotá, el 06 de noviembre de 1985.
Darío Rodríguez, también desde Colombia, en su línea de trabajo, nos propone un ejercicio de confesión (¿o de derrota?) sobre el ejercicio de la individualidad, sobre la pelea del futuro. Gerardo Grande, desde México, en “No importa” nos cuenta la primera vez que un padre lleva a su hijo a ver un partido, los nervios, la tensión melancólica de saber de la excepcionalidad de ese primer partido de fútbol.
Sobre fútbol nos escribe también desde Colombia Andrés Didier Castro, sobre su épica y aquel gol mítico de Maradona en el mundial de 1986. Pero, por sobre todo, escribe de cómo la épica de la vida es otra, bien diferente. De cómo ese sueño de un gol crucial destruye la vida de los niños pobres latinoamericanos. Mas, en el fondo, nos habla sobre el hecho fundamental de que un hombre son todos los hombres.
Y seguimos con Vicente Monroy, desde España. Aquí no hay futbol, sino zombies. Y un PapaNoel quasi-esquizo. Una reflexión sobre la maleabilidad de la materia narrativa. Y un poema de Shakespeare, traducido libremente, que lo soluciona todo (o casi). Y la puta oscuridad. Ah, la puta oscuridad. También desde España, J. S. de Montfort nos habla de la Navidad, o mejor: de los prolegómenos de la Navidad. Sobre cómo, a veces, los deseos se nos cumplen. Y la alegría retorna febril a nuestra vida.
Desde Argentina, Javier G, Cozzolino nos trae la turbia historia del amor imposible de un trío; los hechos suceden el 23 y 24 de diciembre de 2006. Cozzolino reconstruye la historia desde la distancia, indicio a indicio, gracias a las confesiones de un cuarto personaje que también habría de intervenir en la trama: el gran Edgardo Kazanovich, el gran conductor de la televisión argentina, pero también uno de los implicados, Horacio El Samurái Gómez.
 Y, por último, el argentino afincado en Viena, Pablo Manzano, nos cuenta una dulce y surrealista historia de amor casto en medio de una pornográfica celebración navideña en familia.
En fin, que estamos muy contentos de que este Crack Navideño nos haya salido rumboso y rebelde, heterogéneo y libre, plural y libertario.
Ahora es tiempo de que Vds. lo disfruten.
¡Felices fiestas!
Barcelona/Cali
diciembre 2017


domingo, 12 de noviembre de 2017

Calaveras























Estoy parado al borde de la calle en el desfile de las calaveras
Las personas gritan eufóricas apretándose unas a otras para ver
La burla a la muerte
Un grupo de jóvenes baila con máscaras 
Las máscaras están hechas de colores
Tomo fotografías con mi celular
Las envío a alguien en otro país
Mira cómo es México, escribo
Mis pies se sienten cansados
Un grupo de calaveras con vestidos temáticos de la revolución
Pasan cantando
Canta y no llores, dicen.
En mi pecho se enciende algo
Mi rostro muda su alegría en casi llanto
Los colores de la tarde del sábado
Inundan los ojos de los espectadores
Las caras y las manos celebran
Lo que en otros lugares es miedo y silencio
Al borde de la calle, de pie por unas horas
Sigo sin entender las razones por las que estoy aquí
Sin embargo, disfruto cada instante el vivirlas

lunes, 18 de septiembre de 2017

Basura



Anoche soñé que me dirigía
a mitad de un parque
en un basurero depositaba
un bolsa negra
idéntica a la que reposa en un rincón de nuestra sala
desperté unas dos veces en la noche
para decirme que debo deshacerme de la mugre
Jade permanecía dormida a mi lado
miré su rostro y cómo respiraba
hace un par de semanas que vivimos juntos
no hemos terminado de pintar la casa
y golpes involuntarios en las paredes
con muebles y cajas han dañado lo
poco que hemos hecho
la basura está ahí a nuestro lado
mientras estamos abrazados en la noche
en nuestra sala
con las luces apagadas
luego de darnos un beso y decirnos
que son nuestros días más felices
escribo esto a las diez de la mañana
no he escuchado aún la campana del camión
que recoge la basura
la bolsa crece
se alimenta día día con los desechos de
nuestra vida juntos
se recuesta en los rincones como me recuesto en las noches
al lado de Jade
hay ruido en mi cabeza

jueves, 27 de julio de 2017

Autorretrato #10

Link de descarga aquí.

Estoy en la sala de abordaje número treinta y tres del aeropuerto internacional el Dorado, en Bogotá. Todo lo que contiene este texto se escribió en el transcurso de muchos días con muy diferentes perspectivas y anhelos. Todas las expectativas que tengo, mientras estoy sentado en la sala de abordaje sobre una silla de plástico negro junto a una mesa que contiene conectores para recargar la batería del celular, ya no existen. Mi batería está bien. En Spotify se reproduce una canción de Billy Idol. Todo saldría mal, como efectivamente salió. Así que volvería a estar en esa misma sala un mes después, exactamente, sintiendo apenas casi las mismas cosas. Las expectativas de un hombre de mediana edad que ha soñado toda su vida con ser escritor. El viaje es la consagración. El sueño lo persigue, estar donde estuvo Bolaño, estar donde estuvieron sus sueños. Fracasar donde fracasaron todos. Triunfar, en la medida de lo posible, en no hacer nada. La maleta llena de ropa y libros. Las últimas dos noches en vela soñando con aquel momento. En el que sentado en la sala de abordaje número treinta y tres llamen a los pasajeros de la sección del avión que debe ocupar. El despegue, la sensación de vacío. El vacío. La ciudad achicándose abajo. Atravesar el cielo. Todo lo que puede salir mal con los sueños es todo lo que puede salir mal con la vida. Todo lo que puede salir mal, saldrá mal. Yo oré a bordo del vuelo número 2933. Es posible que en el futuro me derrumbe y llore luego de aguantar por un largo periodo de tiempo, en realidad unos cinco días, el peso de la humillación. Llevo en mi mochila un libro de Cesar Aira, Artforum. La historia sobre cómo llegó el libro a mis manos me enorgullece, pero es algo que en este momento no importa. Siempre he admirado a Aira, no tanto por su ficción, que aunque cuenta con un puñado de libros de verdad grandiosos no es en absoluto deslumbrante, mi admiración a Aira viene de la imagen de un tipo escribiendo unas cuantas páginas al día. Manteniendo la fe en eso que escribe. Volcando la rutina diaria en escribir. Es un obrero. No un gran gerente o erudito, sólo un hombre que hace lo que debe hacer cada día, igual que un padre de familia o una madre que se levanta a diario y va a su trabajo como si una ley más alta que ellos lo dictara. La rutina. Y aunque odie todo lo que tiene que ver con rutinas, no dejo de apreciar la imagen de un hombre que todos los días a las horas de la tarde busca un lugar en el cual sentarse al interior de un café en Buenos Aires para escribir cualquier cosa. Porque así son los libros de Aira, una historia sobre cualquier cosa que se puede convertir en algo totalmente alocado. Artforum es sobre un hombre y las revistas Artforum. Sobre su amor y su desgracia. Porque de eso va siempre la literatura, de alguien que la pasa mal. Aunque más allá de eso, la sola manía de escribir unas cuantas líneas a diario o por semana empujan las páginas que tienes al frente. Me perdonan hablar directamente. Mi amor por Dorothea Lasky es incondicional sólo por un efecto de su poesía, ella sabe cómo y cuándo hablar al lector. Lo menciona directamente. La belleza de este recurso está en la capacidad para encerrar al lector en su juego, en las paredes que el verso construye. Es como si yo te dijera, a ti querido lector, que lo que tienes en las manos probablemente no signifique nada para mí en el momento en que lo leas. Sin embargo, el llanto y el dolor que me embargarán un día tras otro durante el período de un par de semanas luego de estar sentado en la sala de espera número treinta y tres, es algo que no encuentro como definir. Y que, sin embargo, encontrarás aquí desplegado en muchos recortes y piezas que también se escribieron durante el último año y son preámbulo de toda mi vida. Aunque exagero, pero qué ganaría con no hacerlo.  No hay mayor mérito en estas páginas que el que tú, querido lector, imprimas en ellas. Porque todo esto no se tratará de mí, sino de alguien que lee sentado mientras espera algo, como abordar el vuelo 2933 a Ciudad de México. 

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El libro puede descargarse a través de Gumroad: https://gumroad.com/l/foVei 

lunes, 26 de junio de 2017

Un poema beat




el otro día estaba sentado
fumaba en la acera el último de los cigarrillos
resoplé y me ahogué
tosí desgarrándome los pulmones
      un par de niños
pasaron en sus bicicletas
                                     se quedaron viendo
me levanté, di media vuelta
y tiré el resto

me hundí en el abrigo
volví a entrar en la casa
mientras el sol de las cinco de la tarde
                                   bañaba mi espalda.

había un hombre en la televisión diciéndole
a una mujer joven cuánto la amaba.
le tomaba las manos.

en un plano cerrado las miradas se encontraban al borde del llanto.

abrí el refrigerador, serví un vaso de coca cola
lo bebí de pie leyendo y releyendo una etiqueta comercial
"Cuenta con nosotros"
decía.

"¿Qué me quieres vender?"
dije, estaba solo y el sonido de mi voz
caminó a mi lado por la sala.
"¿Qué quieres de mí?"
dije de nuevo mientras me lanzaba de espaldas al sofá.

cerré los ojos y entonces lo vi:
                                                  nada.