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lunes, 29 de julio de 2013

Vómito

Estoy sentado viendo fotografías de Pablo Escobar ¿por qué? no sé, ¿dónde? en Tumblr. Mientras las veo voy recordando un relato escrito por Steiner; una breve sinopsis: poesía vs violencia que se desarrolla en Medellín. Un sicario mata al poeta antes de que recite algunos versos,  un animal salvaje o como bestia salvaje tiene rostro el terror, no recuerdo bien.
 El lenguaje siempre se transforma y se escapa con la suya, hasta dónde ir u olvidar junto con él. Los caminos son siempre confusos pero si, lo que Heidegger interpretó como poesía, si su poesía de la poesía es como el lo presume; el lugar donde se guarda el ser y desde donde crea su propia posibilidad. Si, el habla habla de que habla cuando calla en esta violencia o cuando se filtra por algún precio; acaso limpia es, tan sublime. Cuándo una bala detiene un verso o viceversa. En qué poesía se guardan las explosiones y los muertos ¿es esto también parte del ser, amerita ser guardado? no lo sé.
En el relato de Steiner la poesía muere, aunque esa muerte es como una esperanza. Pablo Escobar murió dejando todo una leyenda y un sistema viciado que padecemos aún. Los poetas antioqueños prefieren hablar de otras cosas, en general los colombianos hablan de otra cosa, una bomba y unos muertos no son poesía, una masacre no describe al ser que es hecho a semejanza de Dios. Para no olvidarme de la prosa incontable que ha llenado libros en los que es fácil odiar al dictador y sentirse amable con el oprimido (forma facilista que todos imitan); la violencia como una anécdota que todos olvidan (lo recomendado), o suenan como crónicas sobre dinosaurios guerreros o sufridos héroes igual que se relata en versos medievales (lugar común).
Dos cosas que recuerdo, La casa grande de Alvaro Cepeda Samudio. Otro anterior a esta, el discurso de Jorge Eliecer Gaitan sobre La masacre de las bananera. Me aburro de las fotografías, un tedio me eructa en el rostro, me llena de nauseas. Hace frío. Escucho dos disparos afuera; un grito. Siento que voy a vomitar, trato de contenerlo. No lo logro.

jueves, 4 de julio de 2013

Ezra Pound pone una toalla sobre mis hombros y da instrucciones, Ricardo Limassol

¡Cuánta terquedad!,
cuando decidiste ser
condenaste a tu familia;
sepultaste a tu madre antes
de tiempo.
Pocos pensamientos suicidas
acaban en el hospital
pero el tuyo
fue una pesadilla
de un lustro.
Provocaste a las amistades
como se provoca a un
batallón de fusilamiento
-vaya fino entretenimiento-,
la traición te puso lejos
y borró el pasado de la
historia.
Qué suerte tuvo esa pobre
mujer
de que no la mataras;
una fractura en su mano
derecha
y al día siguiente
decía que te amaba.
A pesar de las nubes negras
que son sombras de tu
sombra
y de las veladoras
que nunca fueron prendidas...
Recuperaste la
conciencia
y descubriste que
lo puedes
soportar todo.

hoy no quise bañarme, ni peinarme, ni salir aunque lo hice, no quise trabajar pero lo hice, no quise levantarme pero también lo hice. hice música que se quedó muda con el sol de la tarde, hice poemas que se comió mi perro. canté una canción en el baño, (bueno, lo hubiera hecho si me hubiera bañado). anduve a pielimpio mandando mails con mis poemas, pensando historias que escribir, enterándome de la poesía joven que se me escapa igual que la vida. le agradecí al poeta Lucas Ruppel la traducción al español de otro poeta, uno estadounidense, un poeta loco y Ruppel es otro poeta loco, y todos están locos y creo que me entienden, creo que están hay conmigo cuando hago la siesta, o aparento hacerla, porque dormir me hace doler la cabeza. están ahí, entre mi música y mis textos, entre mis malos poemas al jazz y el rock que suena. Mientras estoy haciendo bobadas todo el día; llenando formularios y enviando facturas. tratando de leer en inglés lo inentendible, allí están, vomitando como ebrios, como lo he estado yo en paradores que ven a Cali de lejos, esa ciudad tan salvaje, tan doble moral. libertina y conservadora. tan salsa y bohemia, tan llena de recuerdos del Caliwood, del Solar, del Nadaismo, de la Sexta, de Junachito, de Menga, de la narcovida. de su feria tan llena de vida y silencio y yo desde lejos igual que los poetas que leo, vomitando.