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jueves, 6 de noviembre de 2014

La Polifonía de la Nada




"La polifonía de la nada" recoge 11 relatos que en su mayoría han sido escritos para este blog. Son relatos que han nacido de ejercicios de escritura, de búsquedas y fracasos. En ellos hay mucha metaficción y giros hacia ningún lado. Son sobre nada, sin ninguna pretensión se adentran en cosas cotidianas y que no tienen ningún sentido. En ellos no se ha propuesto nada diferente a jugar con algún tipo de narración no formal. Son ejemplo, en últimas, de cómo no escribir. 

 

martes, 16 de septiembre de 2014

El sótano del Cielo, Saúl Álvarez Lara



“El Sótano del Cielo”, el libro de relatos de Saúl Álvarez Lara, fue editado por el fondo editorial de la EAFIT (2003), bajo la categoría de ficción “Antorcha y Daga”. El libro cuenta con nueve relatos. Todos estos relatos tienen algo en común, son relatos que se construyen en forma de enigma, cada relato se narra así mismo, no como un juego metaficcional a la manera en que encontramos otros relatos en su blog lamarginalia.com. son, para decirlo, la mano que se dibuja a sí misma. Hay una búsqueda y exploración bajo esta forma, en la que difiere el relato “El periódico De Un Día”, que suena más a un relato policial. Hay muchos antecedentes que han jugado con esta forma extraña de narrar y de hacer que el relato se cierre en sí mismo, un gran escritor en este estilo es Borges (La ruinas circulares). Pero en Italo Calvino también encontramos rastros de esta forma, por ejemplo en Las Ciudades Invisibles se juega constantemente con este tipo de argumentos que se cierran sobre sí.  Hasta algunos cuentos de Ray Brandury se proponen de esta forma. Se resume muy bien el libro en una frase de Vladimir Maiakovski al principio del mismo: Me ocurrieron cosas. O, yo les ocurrí a ellas.

Saúl Álvarez Lara es también autor de el libro de cuentos "Recuentos", "Teatro Leve". Las novelas "La silla del otro" y ¡Otra Vez!. Es además también editor de la revista Ficciones que cuenta con la participación de Darío Ruiz Gómez y Fernando cruz Kronfly, ambos escritores colombianos han publicado obras de importancia para le país como Hojas en el Patio y Las Cenizas del libertador. 

Un recuento del libro El Sótano en el Cielo:

Llegó: Un hombre llega a un hotel, nos cuenta que le gusta viajar por el mundo para descubrir aromas y sabores. Mientras espera la habitación habla con el recepcionista. Este, el recepcionista, le cuenta la historia de un titiritero que al igual que él espera la habitación. En seguida se cede la voz, que pasa de la primera persona del protagonista, a la voz del recepcionista a la voz del titiritero que es mencionada de forma indirecta y directa por el recepcionista. El titiritero hace un viaje mental a través de las aromas durante diferentes periodos de su vida, llega hasta “una cuna cubierta con un tul transparente”. Pero no sólo eso, también hay un olor a pólvora que crea incertidumbre sobre la muerte de su padre. La narración constantemente juega en ir y venir en los diferentes niveles de la narración, el narrador del principio, el recepcionista y el titiritero. Hay simetría y paralelismo en la historia del hombre que espera y el titiritero que se descubre al final  como el mismo ser que narra y es narrado.

La pesadilla: En este relato también se intenta llegar a una narración en tres niveles, asistimos a la narración de una narración de una narración, un loop infinito. El juego metaficcional es divertido y mucho más preciso en los niveles narrativos. El argumento se repite tres veces, un editor literario trabaja en un relato en el que un hombre comienza a sufrir de claustrofobia a los ascensores a raíz de una pesadilla. Siente, cada vez que entra a uno, que morirá aplastado por este, pero en el momento ultimo despierta de la pesadilla. Pero la narración se va confundiendo con sus vivencias personales. Los tres personajes que viven lo mismo son Luis,  Alberto y Juan. Ante la evidencia de correlación entre los textos la lógica dice que leamos a ver que dice el final, en que termina esto, y allí la sorpresa.

Estatua: “Soy una obra de arte, estoy en la calle y no me muevo”, así comienza este relato en el que un hombre, que hace de estatua en los parques y plazas pidiendo monedas, nos cuenta su vida. Es una narración en primera persona. Un día, mientras se organiza para volver a casa alguien lo llama, y le dice: “Desde cuando lo vi el primer día, cuando hizo el papel del autor de cartas, quise escribir un cuento sobre usted. Aquí está, léalo. No, no me diga nada, si le gusta monte un número con él”. 

No hay muerto malo: Nos cuenta lo que hace la propietaria por tener lleno su restaurante. Está narrado en tercera persona, aparece de manera lineal, no hay juego metaficcional. Pero sí hay un camino muy medido, por parte del autor, hasta lograr un climax de sorpresa al final. Al modo de que lo explica Piglia, aquí se cuentan dos historias, pero sólo de una tenemos la evidencia.

El Periódico de un día: está dividido en tres partes, cada una narrada desde un punto de vista distinto.  La primera parte está narrada en tercera persona, pero está focalizada la historia desde Mora. Este busca en los periódicos de su vecino, tomándolo sin permiso, los clasificados. Necesita un empleo, y usa esa excusa para explicarse. Sin embargo se da cuenta de algo, cada día el periódico que llega a su puerta es el mismo. La segunda parte de la historia está narrada en primera persona. Es narrada por el vecino de Mora, a quien este le robaba los periódicos. A saber, el cuerpo de Mora es encontrado muerto en su apartamento, se presume suicidio, pero no hay claridad. El discurso del vecino de Mora discurre del interrogatorio del investigador. La tercera parte es narrada por el investigador, quien nos dejará al final con una revelación que aunque aclara el misterio inicial, deja más preguntas que respuestas. Un final abierto, un relato entretenido y con niveles de suspenso buenos en algunos fragmentos.

Diario de un desvelo: Un narrado en primera persona, un hombre, nos cuenta que sufre de un insomnio terrible. Vaga por la casa, cada vez que va al cuarto ve como su mujer duerme plácidamente, le ve sonreír repetidamente mientras él sufre. La mujer despierta. Ya imaginaran que sucede. Sí, eso. Por eso este relato no es tan bueno.

¡Ojo, cámara, acción!: Un hombre mayor, que no tiene una buena visión, de repente parece adquirir una supervisión. Puede enfocar a voluntad, igual que las cámaras de televisión (a la que es un aficionado total). Fantasea con ser un superhéroe.  Bedoya, como se llama el hombre, al final despierta. Ah.

El Arte del clasificador: La clasificación de todo lo que se pueda. Categorizar el mundo si es posible. Ese es el deseo de León. Este relato recuerda aquel otro, mucho más corto, de unos cartógrafos que quisieron cartografiar el mundo tal cual el mundo es. Sólo que aquí se trata de clasificar objetos, cosas, persona (tal vez), cualquier cosa. Y llenar libros con aquellos datos, aun hacer una clasificación sobre los libros que proveen una clasificación de los objetos.


El sótano del cielo: este es el relato que da nombre al libro. Es un relato en primera persona. En este, una persona llega a habitar un sótano. Hay una historia que el protagonista no comprende y que va de un aniversario de una fiesta. Todos lo tratan con confianza aunque él nunca ha visto a ninguno de ellos. Y dónde queda el sótano: “- Porque estamos en buenos Aires, respondió César, pero no en el buenos Aires que todos conocen, creen conocer, se imaginan o quisieran haber estado alguna vez. No, ése ¡no! Éste es el buenos Aires que llamaron así porque queda ¡más arriba del cielo!, dijo exagerando”. Es un relato entrañable, que al finalizar deja un sabor agridulce en la boca, eso es bueno.   

jueves, 26 de junio de 2014

Los tiempos jurásicos, Kevin Castro







Los tiempos Jurásico, el poemario de Kevin Castro fue publicado en 2013 por C.A.C.A editores (sí, caca), editorial que se propone no vender los libros que edita sino intercambiarlos (ver aquí).  Kevin Castro nació en Lima, Perú, en el año de 1993. Es uno de los poetas latinoamericanos más sonados, junto con David Meza, y con más proyección (aquí). Su poesía se compone de versos que continuamente retuercen y recomponen la realidad. Poetry willbe made by all!, el proyecto de la fundación Luma, llevar 1000 libros de 1000 poetas, editó en febrero de 2014 Los tiempos jurásicos. Algunos poemas ya han sido traducidos al inglés (aquí), y él está abriendo la puerta a nuevos poetas, como por ejemplo, Jesús Montoya.

El libro de Kevin Castro contiene dos elementos paratextuales a los cuales me quiero referir. El primero, su portada; un t-rex (que aparece en la edición de C.A.C.A), dibujo hecho por Tao Lin y que cuenta, más o menos, una historia absurda sobre un t-rex drogado cayendo por un barranco (#loooooool), la historia puede leerse aquí. La segunda es mucho más extraña y absurda, al final del libro encontramos un link de Soundcloud que nos remite, al darle copy paste, a la grabación de una guitarra con una distorsión muy sucia y que se repite tocando un mismo acorde por 30 min. Castro dice ser esto un homenaje a El Verano de R. Dvořák, trata de cerrar quizá, con un vínculo musical, el mismo sentido de su poesía, el mismo sonido del dinosaurio dándose tumbos por un barranco, o tal vez el ruido monótono en el que se convierte la realidad con un xanax. De cualquier forma el vínculo me parece una forma extraordinaria de ampliar la perspectiva del libro. En español, el colombiano Juan Guillermo Sánchez ya ha experimentado con esto, en su libro Diarios de nada encontramos vínculos que amplían en ocasiones la obra y en Balada track vínculos que te mandan a canciones en youtube que se proponen como fondo para la lectura. Todo esto aterraría a críticos literarios como George Steiner, quien en más de una ocasión ha mostrado su desagrado por la nuevas costumbres de leer con música de fondo (a él dedicamos esta nueva literatura).   

La obra de Kevin Castro se dispone en dos parte; lado A y lado B, igual que un casete. En ese sentido, entandamos los poemas recogidos por Kevin Castro como un mix tape, una mezcla de un nuevo sentido poético que “era posible que algunos intelectualitos sin vida/ sexual dijeran/ que aquello del rock n’ roll era una huevada /o una mala copia de Parra/ o una mala copia de Bukowski/ o una mala copia postpunk -surrealista-/ neohorazeriana /preparacontrainfrasupramegahiperarchimierdos/ a/ pero que en realidad/ les dijo/ era una copia exacta/ de su puta madre”. Este fragmento del poema El manifiesto de Ronald McDonald (Dis faquin shet) recoge el sentido de la obra Los tiempos Jurásicos, ir contra todo, hacer lo que se le dé la gana, con la rebeldía de un rockero o mejor aún, un salsero haciendo lo que se le da la gana con su son.



Lado A

El poemario abre en el lado A con el corte (es el poema pero sigamos la idea inicial del mix tape) Atemporal, un poema que era y es, y que define lo definido y se aterra con que nada ha sucedido. Continúa el manifiesto de Roland Mcdonald (dis faquín shet) que me parece el más memorable, también es el más largo del poemario. En este poema el payaso Ronald habla a través de un traductor, una chica  del IDAT, y da instrucciones y habla, divide la opinión y genera controversia. Pienso que este poema es una alegoría a todo el movimiento Alt Lit. El personaje, un típico icono norteamericano, de un restaurante de comida chatarra, es la voz de esa otra generación que se cansó de hablar, u olvido hacerlo, y ahora se redefine a pesar de ser vituperados por la crítica. Es la traductora, todas esas personas, a través de las que él habla y quienes han traído hasta aquí, en sus blogs y demás, a la Alt Lit. Eso imagino. Este poema como una gran alegoría de un mundo poético que se redefine. 

Continúa el poema sinestesia que juega un poco con los objetos y sus formas. Partituras elementales (oh, Marie), es un poema que casi suena a balada jazz, hay un verso en este que suena como una nota pedal, o mejor, es una aliteración que da un toque melancólico, también da ritmo al poema: “debería tocar el saxo…”. El poema huracán y poema de mierda mmvii (no sé qué pueda pensar quien lea esta reseña y jamás haya leído nada sobre esto). Ambos poemas contienen referencias al rock, uno a megadeth, el otro a coldplay, ambos se llenan de desesperación. El poema que continúa, Sapiens-sapiens ultra mix, parece una gran canción rock, una alocada sinopsis de la juventud.  


Lado B

Visiones / Todos los Djs comen vacas pirotécnicas, parece otra canción rock psicodélica. Sies Millones seiscientos sesenta y seis mil seiscientos sesenta y seis litros de cerveza, es un poema dividido por partes que parecen juegos poéticos sobre embriagarse y escribir. Algo así como los dinosaurios debería ser como el poema que amarra la idea de la portada con su contenido. Cántico de  alabanza cuestiona a dios directamente, es un poema realmente reflexivo. Los poemas a partir de aquí tienden a hacerse íntimos, se cuestionan o tratan de crear otra perspectiva de las cosas; la muerte, el amor, el sexo.


 

viernes, 20 de junio de 2014

El viento agitando las cortinas, ¿cómo van las apuestas?






El viento agitando las cortinas fue editado en 2008 por la editorial Mondadori en Colombia. Su autor, Juan Carlos Rodríguez, casi un total desconocido, su reconocimiento provenía de una revista de contenido para adultos para la cual escribía divertidos artículos. Hoy,  en el año 2014, seis años después de su publicación creo que se puede responder una pregunta que en su momento rondó algunas publicaciones literarias. Esa pregunta también rondó la cabeza de muchos lectores y críticos que no hicieron otra cosa que alabar el trabajo y la valentía de la editorial Mondadori al realizar esta apuesta. El historial de 2008 en internet se sobrepasa en elogios, había expectativas llenas de esperanza, como si Juan Carlos Rodríguez y su libro de cuentos viajará rumbo a un mundial de futbol y todos dijeran que es la selección favorita. Antes, en 2007, Calibre 39 editado por Villegas editores y compilado por Luis Fernando Charry, trata de empujar algunos autores jóvenes (menores de 39, eso es ser escritor joven). Él no era parte de esa lista, pero sí su amigo Juan Álvarez quien lo acompañó a la presentación de su libro en la universidad Central durante un taller denarradores, según se cuenta, con elogios. Entendemos, el camino estaba abonado.

Antes de continuar quiero decir que El viento agitando las cortinas es un libro esplendido. En sus páginas encontramos tres relatos de aproximadamente cincuenta páginas cada uno. Los relatos se presentan en el siguiente orden: Contra el nudismo, ¿Quién se acuerda del capitán Scott? y Mil veces el mal camino. En la contraportada Antonio García habla así de los personajes de JCR: “Románticos que han decidido darse una última oportunidad, nostálgicos que siguen en búsqueda de la inocencia, amantes que encuentran una sensualidad vedada a los demás… Los personajes de Juan Carlos Rodríguez tienen un misterio, una obsesión, un secreto que uno, como lector, siempre quiere develar”. Camilo Jimenez para la revista El Malpensante describe así los relatos: “Los tres relatos vienen en primera persona, y sus narradores hacen un ejercicio de memoria para ir hasta el nacimiento del deseo, los tres evocan el punto de sus historias cuando se convirtieron en personas hormonales”. La revista Arcadia puso entre su lista de los mejores libros del 2008 a este libro. En 2008 también se editó Lo definitivo y lotemporal de Javier Moreno por parte de la EAFIT. En 2008 también se suicidaría David Foster Wallace.

Contra el nudismo describe las bajas pasiones de un hombre frente a dos cosas, la primera, lo calzones, “Amo los calzones con devoción”, dice el narrador. La segunda es anatómica; los hoyuelos en la parte baja de la espalda, a saber, los Romboides de Michaelis. La genialidad de este cuento no sólo radica en su buena estructura, en lo bien descrito del fetiche del narrador, sino que en lo que se supone un relato con tintes eróticos o morbosos el punto más álgido, el encuentro sexual, es vedado. Se omite al acto carnal, desesperadamente buscado, angustiosamente sufrido, porque “¿para qué contar lo que siguió? Es la historia de siempre, la de todos los amantes que con una hermosa ingenuidad creen estar descubriendo algo”. Perdida la inocencia caemos a un lugar sin redención. Contra la desnudez es un relato lleno de humor. Pero sus páginas no sólo cuentan la historia de un fetiche, también un momento de la moda urbana, el pantalón descaderado. Al inicio del relato el narrado nos advierte: “Odio los pantalones descaderados, envoltorio de los cuerpos en este inicio del tercer milenio”. Ante este exhibicionismo, la contrariedad; decirle a las mujeres que se cubran, “La situación era absurda, como si a un aficionado a la música lo encerraran en una habitación a oír Mozart a un volumen tan alto como para que le dolieran los oídos”.  

¿Quién se acuerda del capitán Scott?, relato de un amor que se inicia colegial pero imposible, como muchos amores en la adolescencia, y se consuma llegando a la mediana edad. Un poco tarde para idealizarlo, un poco temprano para estar preparado para el desamor. Este relato recoge parte de la vida en los ochenta (y que por mi parte también recoge imágenes de mi infancia en los colegios capitalinos durante los noventa). Este relato es la historia del “Pastuso sensible”, un tipo que maduro se entrega a los burdeles, pero no al amor, que lo destroza al final igual que la filtración de agua arruina la casa familiar.

Mil veces el mal camino, este relato aparece fragmentario. Es la recopilación de mails entre un profesor y una estudiante, pero sólo leemos los mails del profesor, de los otros tenemos conocimiento por los comentarios que este hace, a su vez, en los suyos. Entre líneas se lee una historia de amor frustrada, una necesidad por llenar la soledad. De los tres este parece ser el más flojo de los relatos. No baja en calidad, pero suele sonar demasiado patético o nostálgico. Muy mimoso, no como en los anteriores relatos, en donde la caída o subida de sus personajes quedaba con halos de misterio que el lector desvelaba, sin que sus personajes dejaran de sumergirse en su propia perdición. Aun así, este relato recoge los problemas de una vida madura, llena de desilusión.

Cuando Orlando Mejía Rivera escribió La generación mutante pensaba de una manera muy inocente (o tal vez consiente pero con pocas referencias directas) sobre lo que resplandecería en la literatura colombiana. Y acertó casi en todo. Los escritores colombianos ahora son superiores a los que él puso como ejemplos. Cada uno de los puntos que mencionó sobre lo que es la generación mutante lo cumplen hoy, a la perfección, escritores como Juan Carlos Rodríguez, Javier Moreno, Juan Gabriel Vázquez, Juan Esteban Costaín, Andrés Felipe Solano. Sobrepasamos el tema central de la violencia, por lo menos ya no los referenciamos de manera directa, esto dejo de ser la sicaresca que llamaba Faciolince. Esta literatura está reconsiderando otras formas de contar, más cercana a movimientos que han ocurrido (u ocurren) en otras partes del  mundo; Oulipo, Fuguet y el Mcondo, el acogimiento de temas de la cultura pop. Todo esto lo referencia Mejía Rivera en su libro.

Sin embargo lo que nos importa es Juan Carlos Rodríguez y el libro El viento agitando las cortinas. La pregunta que se hacían todos y sobre la que apostaban a ganar era (más o menos) la siguiente ¿será este un éxito editorial y tendremos un empujón a los libros de relatos en Colombia?, que viendo el panorama lleno de concursos de relato y cuento lo menos que uno esperaría es un movimiento editorial por ese lado fuerte, pero la novela es indestronable, y en Colombia el cuento sigue siendo una tarea de escritores de segunda (no lo es, claro, pero así se trata). Seis años después de ser publicado, de ser alabado, cosa que aun hoy debemos hacer: El viento agitando las cortinas es probablemente uno de los mejores libros de relatos escrito por la generación nacida del 70 a 80. Pero lastimosamente (o afortunada, uno no sabe), el libro se consigue en el centro de Cali a 2000 pesos, te lo dejan en mil. También puedes llevar 3 x 5000. Tal devaluación de un libro de esta calidad es vergonzosa, sobretodo porque no es un libro de vieja data ni mala edición. Probablemente Mondadori perdió mucho dinero, a la par de que algún editor perdió su empleo. Así que, si preguntan ¿cómo van las apuestas? -Pues perdimos, mijo. Fue una pérdida grande. Con unos resultados así cómo se apoya a nuevos escritores. Sin embargo, su precio podría hacer más accesible a los lectores el libro, el cual no defrauda a nadie. Mis alabanzas al libro de Rodríguez.

lunes, 10 de marzo de 2014

3am, Recorte a una página de Cruz Kronfly, Amapolas al Vapor (1996), pag 175.

La vida
Sobre la mesa
de la cantina,
la exhibo públicamente
en toda su intimidad,
junto a las copas y a las
monedas de la pianola.

Cálida ella,
de ojos lumbrosos,
sabia como ninguna
si es que acaso
en su ajetreo y frotamiento
algo ha aprendido.

Como una puta que se quiere.
Respirando sola y agotada en el bar,
sudorosa y comprensiva
como una mirada amanecida.

Efluvio bioeléctrico.
La vida.


lunes, 17 de febrero de 2014

Se Buscan Lectores

Hay varias cosas importantes, la primera: esto no es importante. La segunda: luchar para que esto llegue a manos ociosas y no a gente ocupada en señalamientos sobre y para. Se buscan lectores, básicamente. El Desocupado Lector, ese ser ocioso de Cervantes que para Baudelaire no era más que un Hipócrita, del que Barth (como bien me lo hizo saber Alberto Sánchez Galeano) decía era un obstinado hijueputa, lector que Cruz kronfly quiere convertir en agónico, antes que un trabajador como decía Zuleta o un ser abierto al goce como dice Manguel. En fin, cada quien es lo que quiere ser. ¿Han escuchado eso de los derechos del lector?, bueno, están en todo su derecho de No Leer nada de lo que aquí mencionaré. Deténganse antes de que sea tarde porque cuando nos recomiendan un libro este queda destinado al olvido. Es una ley del universo. Esto no es una recomendación, sólo escribo, ustedes leen. No intenten buscar ninguno de los escritores que mencionaré, ni dar clic en los enlaces que encontrarán, ni ir a las librerías a comprar uno u otro. 

Cuando Umberto Eco escribió ese libro Signo ¿qué quería decir?, mostrar la función y desarrollo de eso que llamamos "signo", o jugar con nosotros sobre los modos de interpretación de este. Lo pregunto por las cosas que encontramos hoy y definitivamente debemos saber de qué manera interpretar, por lo menos en el escenario comercial. No está mal abogar por un poco de inversión en el tema editorial, si no en modos de publicación sí en formas de promoción y acercamiento, acceso a sus clientes, los lectores. En Colombia se escribe mucho, eso lo dice Luz Mary Giraldo, y no hay que ser un académico para notarlo. Los números de novelas, cuentos y poemas que se presentan a los concursos literarios son enormes, y van en aumento. Cada vez que se abre convocatoria a algún concurso literario, y vaya que hay muchos concursos, rebosa el número de inéditos esperando su turno de ser galardonado. Tan así, que probablemente no sea difícil decir que entre nuestros conocidos haya alguien que ha ganado uno; un amigo, un profesor, un familiar, o (abstracción máxima) el amigo de un amigo. Que se escriba mucho no quiere decir que se escriba bien; no todo es  tan bueno, pero definitivamente no todo es tan malo.  Ahora tenemos este signo tan inmenso como el número de cuentos presentados al Concurso Nacional de Cuento del Ministerio de Cultura y RCN: 29.496 (global).    

Podría equivocarme en lo que viene primero y después.

¿Qué está sucediendo con la literatura colombiana?, cuando escuchas que Juan Álvarez es invitado a la Feria del Libro de Guadalajara como un escritor con proyección, siendo aún joven (el tiempo nos afecta a todos), junto con otros, claro, pero a él, al colombiano, tenemos algo. Luego en la revista Granta Andrés Felipe Solano es nombrado uno de los mejores escritores en español. No es para inflar el pecho, pero sí para prestar atención. Entonces tenemos a la Revista Arcadia nombrando a  Los Estratos, novela de Juan Cárdenas, como una de las mejores del 2013. Los adjetivos podemos dejarlos de lado, lo que nos importa es la relevancia que están teniendo los escritores colombianos. Andrés Arias, es otro que ha llamado la atención con su novela "Tú que Deliras". Al lado de estos escritores hay otros, no menores, pero que dejan sus textos libres en internet, Fabian Buelvas, Juan G. Sánchez, Javier Moreno, todos ellos con buena calidad. Sumemos los blogs (como el de los antes citados) que pueden darnos otras ventanas a la ficción o la poesía como la de Daniela Prado, poeta caleña (¿han leído Los Detectives Salvajes?, ella es como Cesárea Tinajero, sólo que no está perdida, no todavía). Y así muchos, Ana Colombia, Isabel Estrada,  (quién colabora con los muchachos de La Silla Renca, editorial independiente en Popayán), Leonardo Torres en el blog Taja Lapiz, toda la gente que a nivel local (Cali) ha pasado por la fundación Plenilunio, que imagino debe tener su referente en cada ciudad de Colombia. Hasta este mismo blog sin suerte lo intenta. Así que la esfera crece, la burbuja es innegable. ¿Qué sucede con la literatura colombiana?, nada, o mejor dicho, busca lectores. Antonio García Ángel, quien tuvo como tutor a Vargas llosa. Andrés Burgos. Estoy tratando de recordar nombres. 

Incentivar la lectura es algo que se hace confuso. Los programas optan generalmente por dos caminos, se aboga por la lectura como algo de buena costumbre, que ayuda hacer mejores personas, que nos despierta y nos levanta. Sin duda leer nos cambia, pero no se puede moralizar ese cambio. ¡Una moral dentro del arte es horrorosa! El segundo camino es abogar por la lectura pero de las obras cumbres, de lo mejor de lo mejor, obras que exaltan el espíritu y abren la imaginación, obras que nos llevan a otros mundos. Sin duda, pero es como recibir la peor educación tradicional y conservadora del mundo. Literatura es libertad. Si hay obstinación en el Lector de Barth, lo que hay en el escritor es terquedad. ¿De qué viven los escritores?, no lo sabemos, que encontremos obras en internet gratis dice que no de sus libros. Ver tantos escritores (sin duda no los nombro a todos, faltan ¡faltan!) y ver un mercado rancio de Faciolinces, García Márquez y compañía da lastima. ¿Dónde encontrarnos con la literatura? Internet parece un camino. Sin embargo ante los esfuerzos debemos decir que esto sin dinero no camina. Juan G. Sánchez busco ayuda para financiar su libro, lo autofinanció, se puede decir. Juan Álvarez probablemente de no ganar el concurso de cuento no hubiera llamado la atención de las editoriales, algo parecido de lo que sucedió con Medina Reyes. No tienen que ser grandes editoriales, con las que tenemos son suficientes. Meterle mano a la promoción y acercamiento, arriesgarnos a publicar, arriesgarnos a leer. Tener la posibilidad de encontrar los libros, así sea en las ciudades principales, por ejemplo, Juan Cárdenas por ahora sólo se consigue en Bogotá. 

Es importante acercarnos a la literatura, hacer de nuevo memoria sobre las formas de esta en la narrativa nacional. Hacer crítica seria, la que dicen seria. También alguna que otra no seria (como esta). No necesitamos más tesis en las bibliotecas sobre nuestra literatura. La necesitamos mezclada en nuestra manera de pensar, en nuestra percepción del mundo. Hablar de literatura y proveer las posibilidades de encontrarse con ella, nada más para que esté allí esperando un lector. No un estudio profundo, que sirven, claro, pero no para lo que interesa; encontrar lectores. Hablar de esto, de esto, y de esto, para que despertemos. Algo está sucediendo con nuestros escritores y vale la pena verlo. No dejarlo pasar, acercarse y ver de cerca, de lejos, en perspectiva, como un panorama. Un panorama a un panorama, seguro un estudio a estos libros y escritores existe. Pero los textos académicos le aburren a mi madre, ella prefiere la historia dentro de Los Hermanos Cuervo. Mi hermano la única interpretación que hizo de Barranquilla 2132 fue que le gustó mucho, y bueno, lo demás, que es lo que todos esperan porque parece muy importante; el análisis, vendrá después o no. ¡Qué importa! La literatura requiere de ocio, y el ocioso vive perdido en sus caminos, en la distracción y la contemplación, y a veces eso es lo que importa.

   

lunes, 3 de febrero de 2014

Diarios de Nada, Juan Guillermo Sánchez



Los relatos perdidos en la cotidianidad del libro Diarios de Nada bien podrían ser todos una misma y sola historia, que a diferencia de lo que intenta decirnos: Esto son relatos que van hacia ningún lado, en realidad se dirigen hacia esos momentos tediosos o aburridos en donde las decisiones triviales son pan del día a día. ¿Es Diarios de Nada una absoluta huida hacia el vacío? Probablemente no, pero es el fragmento de realidad que tratamos de olvidar por no llevarnos a ningún lado. Y precisamente ese ningún lado tiene una dirección precisa; la intensidad y exploración narrativa.

Juan Guillermo Sánchez es un escritor colombiano, que contra toda dificultad emprendió una campaña para financiar el libro, en el que creyó desde el principio. Había participado en el Concurso de Cuento Ciudad de Bogotá en 2007, no ganó, pero no dejó allí la posibilidad de ver materializado sus histéricas y tediosas historias (cualquier adjetivo que pudiera valerse de un significado negativo aquí adquiere otro sentido). También contra todo pronóstico Juan G. Sánchez me sorprendió con un regalo en día de reyes, una copia de su libro autografiado. Espero hacer honor a ese obsequio.
  

Los 16 relatos que integran Diarios de Nada no tratan de ocultarnos nada, refieren hechos cotidianos, sentimientos a los que se tiene fácil empatía. No hay adornos, ni grandilocuencias, tampoco está clara una elaborada técnica narrativa. Dentro del libro notaremos diferentes formas de llevar la historia. Tenemos, por ejemplo, Fuga Big-Bang en una histérica y peculiar narración que se desarrolla en primera persona y con tintes metanarrativos que te saca una sonrisa. Historias que parecen ir de para atrás como Loto Punk. Historias de borracheras, salidas nocturnas, relaciones de pareja; catarsis del novel escritor tratando de dar vida a sus historias.

El libro ha jugado con un elemento que lo hace dinámico. Integra bajo el título de cada relato un paratexto que te llevará a una página web, en la que podrás leer un poco más sobre este o el escritor. Este paratexto es muy interesante en términos de conectividad. En su versión física o digital podemos acceder a contenido distinto, que amplían o generan grupos de lectores. Esto también amplía la propia proyección de la idea de libro tan en debate hoy. Estos paratextos son fácilmente leídos por un teléfono celular o en la versión digital (que encontramos gratisen internet) a un clic.

Al leerlo notamos una voluntad desenfrenada que nos quiere llevar al caos, una escritura que quiere Ser. Allí lo valioso de esta propuesta. Tenemos historias cotidianas bajo todas estas pinceladas de un escritor joven, con todos los errores que implica la escritura, pero también con toda la fuerza por vencerlos. En nuestras manos tenemos un panorama sobre la vida en crudo, escrito con terquedad.

Juan Guillermo Sánchez es autor también de la novela Balda Track, recientemente fue lanzada. Desde Canadá tenemos esta historia que está impregnada de música por todos lados. Se cuela entre el amor, la vida académica, la vida laboral y los bares. Jugando un poco con la forma del libro o con la idea de novela Juan G. Sánchez nos da opciones de lectura, cualquiera a decir verdad, mientras nos da links y posibilidades de saltar a canciones que proponen ser la banda sonara de cada capítulo. De nuevo un elemento de conectividad que intenta unir esos aparentes enemigos lo físico y lo digital. Con lo que tenemos no una novedosa idea, sino una forma distinta de leer. Ante lo que, como sabemos, Steiner se aterraría.


De Juan Guillermo Sánchez tuve noticia gracias a una columna en ElEspectador.com, junto con otros escritores colombianos y que han dejado su obra libre en la internet como Fabián Buelvas, un escritor con influencias cortazianas en su escritura, o Javier Moreno, en una escritura que raya con situaciones absurdas.  

martes, 28 de enero de 2014

Los Hermanos Cuervo, Andrés Felipe Solano


Los hermanos Cuervo frente a una flor en el Jardín Botánico, han esperado que florezca gran parte de la noche, en ese momento comprendí realmente –nos dice el narrador- que los Cuervo eran tan particulares como la flor de la Victoria regia. La novela de Andrés Felipe Solano es una búsqueda constante entre la cotidianidad, la violencia y la sed de victoria. Está escrita en tres partes, cada una distinta en su discurso narrativo y espíritu. Se enlazan mediante detalles sutiles. Aunque lo central pareciera ser los hermanos Cuervo, son las mujeres, Rosa Aragón y Beatriz Helena Sierra Aragón quienes sustentan todo; una con su actitud infranqueable y la otra por su ausencia.    

La novela empieza con la visita al Jardín Botánico en la que los jóvenes muchachos esperan para ver una flor extraña que sólo florece de noche. Con ellos está uno de sus compañeros quien hace la voz de narrador contándonos en primera persona, como testigo e investigador la vida de los Cuervo. Su extraña presencia de jóvenes pálidos y raros es comidilla en los pasillos del colegio, donde entran los Cuervo luego de ser educados en casa por la abuela. Las hipótesis sobre los cuervo se derivan en 1) Sexuales, 2) Las siniestras, 3) Las diabólicas, 4) Las marcianas. Poco a poco vamos escuchando cada una de ellas a lo largo de la primera parte. Sin embargo es para su compañero una obsesión que irá en aumento. Con ecos muy urbanos la primera parte de la novela habla de la Bogotá de los noventa, de la violencia y de la actividad de unos jóvenes obsesionados con construir una antología del mundo mediante enciclopedias.
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“Caí en su telaraña cuando ya había pasado la peor época de las bombas en las calle. Aun así nos sentíamos en plena guerra mundial. Todo a causa del apagón decretado por el Gobierno que recortó la electricidad de nuestras casas todas las tardes y noches durante más de un año. Si no estoy mal, la energía regresó a nuestros hogares en abril o mayo de 1993” Pag 29.
Hay un asombro constante que nace de las observaciones de su compañero (el narrador) sobre la forma de vida de los Cuervo, de las que hace comparaciones con la suya, creándose frustraciones. Los Cuervo parecen mucho más avanzados, independientes y sabios. Con ellos conoce el burdel que era mito en los pasillos del colegio, se inventan una banda llamada Las Monjas Muertas o una radio pirata en la que tocan su música favorita. Los Cuervo no viven el tedio de la vida moderna, trabajan en cosas no comunes, como ponerle cinta a las ventanas para que las explosiones de las bombas no quiebren los vidrios. Y no sólo eso, la abuela Rosa es un personaje tan infranqueable, tan duro como una pared y que se ha tomado la vida de sus nietos bastante en serio. De vez en cuando da unas caladas a un cigarrillo con el que recuerda a su marido. Aquel al que no le pudo dar un hijo varón, sino una hija, Beatriz, o Betty, quien es la madre de los Cuervo. Una madre ausente. Toda esta actividad que se ha llamado extravagantes, son la cereza de un pastel que se preparó tiempo atrás, en la propia vida de Rosa Aragón.

La primera y segunda parte parecen estar más enlazadas directamente entre sí, que la tercera, ya que la segunda obedece a un documento que se encuentra en la primera. La tercera parte nos llega sin mayor referencia directa, pero en su narración termina por aclararnos (si no darnos más preguntas) momentos de la vida de Betty, como la fotografía junto a un hombre que llama la atención en las primeras páginas.
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“Ese día en la biblioteca también hallé un libro titulado Grandes crónicas deportiva que incluía un extenso perfil sobre Vicente Aguirre, ese era su nombre. El tipo había sido campeón tres veces de la Vuelta a Colombia. De inmediato recordé lo que mencionó Priscila cuando me habló del entierro del abuelo. Además de parecer en la foto junto a Betty, el hombre había estado con Rosa en el cementerio”. Pag. 105
Los Cuervo para el cumpleaños regalan a su compañero y amigo una revista de ciclismo, algo sin importancia aparente. Luego, más adelante, le entregan una caja con regalos, entre ellos una fotografía de Betty junto a un hombre. Una noche hace la relación y ata cabos; el hombre que acompaña a Betty es el ciclista de la revista. Pero la revista ya no existe, su madre la botó junto a la pornografía que un día encontró. La investigación lo lleva hasta una crónica deportiva sobre la vida de Vicente Aguirre, un ciclista con vida de rockstar y talento imposible de igualar. El ciclista se construye a pulso, hasta hacerse al título del Ángel Exterminador y con él, al título del mejor ciclista de Colombia.  Su matrimonio con Susana Vieco, la posterior desaparición de ella y la vida decadente que vive el deportista en la guajira dueño ya de su pasado y una tienda, son también parte de la crónica.

Si la primera parte de la novela nos sonaba intimista, llena de asombro, hipótesis y ganas de vivir. La segunda es mucho más centrada; no hace reflexión ni comparación, a lo sumo trata de hacer conjeturas. Exhibe la vida sin adorno de Vicente Aguirre, junto a la voz de Rosa Aragón, esposa de León Sierra, uno de los mejores narradores de aquel deporte. Rosa se nos muestra como una mujer que hace cosas similares a los Cuervo, recortar fragmentos de periódico o fotografía sobre ciclismo. Tal vez movida por el mismo sentimiento que mueve a sus nietos a hacerse a una enciclopedia sobre edificios raros; el amor por crear un mundo para quien aman; Rosa para León; los Cuervo para su madre, la mujer que vive recorriendo el mundo como azafata, y visitando -¿por qué no?- lugares como los que ellos catalogan. 
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“Betty se sentía bien de estar lejos del frío, de su aburrimiento habitual, del silencio de su casa. Siempre le había parecido desproporcionada, una exageración cercana a la vulgaridad”. Pag. 173
La tercera parte se alza con la vida de Betty, un encuentro con Aguirre ya viejo y sin la presencia de su época de superestrella del ciclismo, también es lo último que sabemos de ella. Buscan a la mujer de Aguirre quien es una pieza fundamental en la segunda parte de la novela, una mujer que sufre de esquizofrenia y simplemente un día decide irse, sin más. Aguirre vivió con esa pena. Un paquete que recibió lo hizo emprender la búsqueda de nuevo. Al principio pensó que se trataba del abusador de su esposa, algún enfermo y sádico, dado que lo que recibió fueron unas bragas usadas, bragas que el reconoció como de su esposa. Luego se da cuenta de la verdad. Mientras eso sucede vemos a una Betty capaz de ser ella por sí sola, sin la voluntad de su madre. Quiere algo diferente, sin que eso sea mejor o peor de lo que tiene en casa. Betty y Aguirre tienen un encuentro amoroso. Betty quiere vivir, sin las nostalgias y rutinas de su madre. El camino es una limitada victoria, vivir tratando de hallarse sin reconciliación.

Los sentimientos de la búsqueda están por toda la novela. La nostalgia de algo que se trunca por razones que son propias de la vida; la enfermedad, la muerte, la rebeldía, la nostalgia. 

La  novela hecha de una forma muy consiente. Amarra la vida de estas personas y relata tres épocas distintas y de tres diferentes formas, sin que jamás el hilo se nos pierda, sin dejar de atraparnos por la fascinación de sus personajes. No pierde su voluntad de querer adentrarse siempre en la vida de los Cuervo. Como en una novela policíaca los pequeños detalles son los que importan; una fotografía; una revista; una flor; una crónica deportiva; un cigarrillo. La vida se vive sin hipótesis; corre como Aguirre, y es narrada por alguien como Sierra.

Andrés Felipe Solano se ha merecido el reconocimiento de la revista Granta como uno de los mejores narradores en español, y no es para menos, Los Hermanos Cuervo es de las mejores novelas que se ha escrito en este país. Luego hablaremos de él.