"La polifonía de la nada" recoge 11 relatos que en su mayoría
han sido escritos para este blog. Son relatos que han nacido de ejercicios de
escritura, de búsquedas y fracasos. En ellos hay mucha metaficción y giros
hacia ningún lado. Son sobre nada, sin ninguna pretensión se adentran en cosas
cotidianas y que no tienen ningún sentido. En ellos no se ha propuesto nada diferente a jugar con algún tipo de narración no formal. Son ejemplo, en últimas, de cómo no
escribir.
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jueves, 6 de noviembre de 2014
martes, 16 de septiembre de 2014
El sótano del Cielo, Saúl Álvarez Lara
“El Sótano del Cielo”, el libro de relatos
de Saúl Álvarez Lara, fue editado por el fondo editorial de la EAFIT (2003), bajo
la categoría de ficción “Antorcha y Daga”. El libro cuenta con nueve relatos.
Todos estos relatos tienen algo en común, son relatos que se construyen en
forma de enigma, cada relato se narra así mismo, no como un juego
metaficcional a la manera en que encontramos otros relatos en su blog lamarginalia.com. son,
para decirlo, la mano que se dibuja a sí misma. Hay una búsqueda y exploración
bajo esta forma, en la que difiere el relato “El periódico De Un Día”, que
suena más a un relato policial. Hay muchos antecedentes que han jugado con esta
forma extraña de narrar y de hacer que el relato se cierre en sí mismo, un gran
escritor en este estilo es Borges (La ruinas circulares). Pero en Italo Calvino
también encontramos rastros de esta forma, por ejemplo en Las Ciudades
Invisibles se juega constantemente con este tipo de argumentos que se cierran
sobre sí. Hasta algunos cuentos de Ray
Brandury se proponen de esta forma. Se resume muy bien el libro en una frase de
Vladimir Maiakovski al principio del mismo: Me
ocurrieron cosas. O, yo les ocurrí a ellas.
Saúl Álvarez Lara es también autor de el libro de cuentos "Recuentos", "Teatro Leve". Las novelas "La silla del otro" y ¡Otra Vez!. Es además también editor de la revista Ficciones que cuenta con la participación de Darío Ruiz Gómez y Fernando cruz Kronfly, ambos escritores colombianos han publicado obras de importancia para le país como Hojas en el Patio y Las Cenizas del libertador.
Un recuento del libro El Sótano en el Cielo:
Llegó: Un hombre llega a un hotel,
nos cuenta que le gusta viajar por el mundo para descubrir aromas y sabores. Mientras
espera la habitación habla con el recepcionista. Este, el recepcionista, le
cuenta la historia de un titiritero que al igual que él espera la habitación.
En seguida se cede la voz, que pasa de la primera persona del protagonista, a
la voz del recepcionista a la voz del titiritero que es mencionada de forma
indirecta y directa por el recepcionista. El titiritero hace un viaje mental a
través de las aromas durante diferentes periodos de su vida, llega hasta “una
cuna cubierta con un tul transparente”. Pero no sólo eso, también hay un olor a
pólvora que crea incertidumbre sobre la muerte de su padre. La narración
constantemente juega en ir y venir en los diferentes niveles de la narración,
el narrador del principio, el recepcionista y el titiritero. Hay simetría y
paralelismo en la historia del hombre que espera y el titiritero que se
descubre al final como el mismo ser que
narra y es narrado.
La pesadilla: En este relato también se
intenta llegar a una narración en tres niveles, asistimos a la narración de una
narración de una narración, un loop infinito. El juego metaficcional es
divertido y mucho más preciso en los niveles narrativos. El argumento se repite
tres veces, un editor literario trabaja en un relato en el que un hombre
comienza a sufrir de claustrofobia a los ascensores a raíz de una pesadilla.
Siente, cada vez que entra a uno, que morirá aplastado por este, pero en el
momento ultimo despierta de la pesadilla. Pero la narración se va confundiendo
con sus vivencias personales. Los tres personajes que viven lo mismo son
Luis, Alberto y Juan. Ante la evidencia
de correlación entre los textos la lógica dice que leamos a ver que dice el
final, en que termina esto, y allí la sorpresa.
Estatua: “Soy una obra de arte,
estoy en la calle y no me muevo”, así comienza este relato en el que un hombre,
que hace de estatua en los parques y plazas pidiendo monedas, nos cuenta su
vida. Es una narración en primera persona. Un día, mientras se organiza para
volver a casa alguien lo llama, y le dice: “Desde cuando lo vi el primer día,
cuando hizo el papel del autor de cartas, quise escribir un cuento sobre usted.
Aquí está, léalo. No, no me diga nada, si le gusta monte un número con él”.
No hay muerto
malo: Nos
cuenta lo que hace la propietaria por tener lleno su restaurante. Está narrado
en tercera persona, aparece de manera lineal, no hay juego metaficcional. Pero
sí hay un camino muy medido, por parte del autor, hasta lograr un climax de
sorpresa al final. Al modo de que lo explica Piglia, aquí se cuentan dos
historias, pero sólo de una tenemos la evidencia.
El Periódico
de un día:
está dividido en tres partes, cada una narrada desde un punto de vista
distinto. La primera parte está narrada
en tercera persona, pero está focalizada la historia desde Mora. Este busca en
los periódicos de su vecino, tomándolo sin permiso, los clasificados. Necesita
un empleo, y usa esa excusa para explicarse. Sin embargo se da cuenta de algo,
cada día el periódico que llega a su puerta es el mismo. La segunda parte de la
historia está narrada en primera persona. Es narrada por el vecino de Mora, a
quien este le robaba los periódicos. A saber, el cuerpo de Mora es encontrado
muerto en su apartamento, se presume suicidio, pero no hay claridad. El
discurso del vecino de Mora discurre del interrogatorio del investigador. La
tercera parte es narrada por el investigador, quien nos dejará al final con una
revelación que aunque aclara el misterio inicial, deja más preguntas que respuestas.
Un final abierto, un relato entretenido y con niveles de suspenso buenos en
algunos fragmentos.
Diario de un
desvelo:
Un narrado en primera persona, un hombre, nos cuenta que sufre de un insomnio
terrible. Vaga por la casa, cada vez que va al cuarto ve como su mujer duerme
plácidamente, le ve sonreír repetidamente mientras él sufre. La mujer
despierta. Ya imaginaran que sucede. Sí, eso. Por eso este relato no es tan
bueno.
¡Ojo, cámara,
acción!:
Un hombre mayor, que no tiene una buena visión, de repente parece adquirir una
supervisión. Puede enfocar a voluntad, igual que las cámaras de televisión (a
la que es un aficionado total). Fantasea con ser un superhéroe. Bedoya, como se llama el hombre, al final
despierta. Ah.
El Arte del
clasificador:
La clasificación de todo lo que se pueda. Categorizar el mundo si es posible.
Ese es el deseo de León. Este relato recuerda aquel otro, mucho más corto, de
unos cartógrafos que quisieron cartografiar el mundo tal cual el mundo es. Sólo
que aquí se trata de clasificar objetos, cosas, persona (tal vez), cualquier
cosa. Y llenar libros con aquellos datos, aun hacer una clasificación sobre los
libros que proveen una clasificación de los objetos.
El sótano del
cielo:
este es el relato que da nombre al libro. Es un relato en primera persona. En
este, una persona llega a habitar un sótano. Hay una historia que el
protagonista no comprende y que va de un aniversario de una fiesta. Todos lo
tratan con confianza aunque él nunca ha visto a ninguno de ellos. Y dónde queda
el sótano: “- Porque estamos en buenos Aires, respondió César, pero no en el
buenos Aires que todos conocen, creen conocer, se imaginan o quisieran haber
estado alguna vez. No, ése ¡no! Éste es el buenos Aires que llamaron así porque
queda ¡más arriba del cielo!, dijo exagerando”. Es un relato entrañable, que al
finalizar deja un sabor agridulce en la boca, eso es bueno.
jueves, 26 de junio de 2014
Los tiempos jurásicos, Kevin Castro
Los
tiempos Jurásico, el poemario de Kevin Castro fue publicado en
2013 por C.A.C.A editores (sí, caca), editorial que se propone no vender los
libros que edita sino intercambiarlos (ver aquí). Kevin Castro nació en Lima, Perú, en el año de 1993.
Es uno de los poetas latinoamericanos más sonados, junto con David Meza, y con
más proyección (aquí). Su poesía se compone de versos que continuamente retuercen
y recomponen la realidad. Poetry willbe made by all!, el proyecto de la fundación Luma, llevar 1000 libros de 1000
poetas, editó en febrero de 2014 Los tiempos jurásicos. Algunos poemas ya han
sido traducidos al inglés (aquí), y él está abriendo la puerta a nuevos poetas,
como por ejemplo, Jesús Montoya.
El libro de
Kevin Castro contiene dos elementos paratextuales a los cuales me quiero
referir. El primero, su portada; un t-rex (que aparece en la edición de
C.A.C.A), dibujo hecho por Tao Lin y que cuenta, más o menos, una historia
absurda sobre un t-rex drogado cayendo por un barranco (#loooooool), la historia puede leerse aquí. La segunda es mucho más extraña y absurda, al final
del libro encontramos un link de Soundcloud que nos remite, al darle copy
paste, a la grabación de una guitarra con una distorsión muy sucia y que se
repite tocando un mismo acorde por 30 min. Castro dice ser esto un homenaje
a El Verano de R. Dvořák, trata de cerrar quizá, con un vínculo musical,
el mismo sentido de su poesía, el mismo sonido del dinosaurio dándose tumbos
por un barranco, o tal vez el ruido monótono en el que se convierte la realidad
con un xanax. De cualquier forma el vínculo me parece una forma extraordinaria
de ampliar la perspectiva del libro. En español, el colombiano Juan Guillermo Sánchez
ya ha experimentado con esto, en su libro Diarios de nada encontramos vínculos que amplían en ocasiones la obra y en Balada track vínculos que te mandan a canciones
en youtube que se proponen como fondo para la lectura. Todo esto aterraría a
críticos literarios como George Steiner, quien en más de una ocasión ha
mostrado su desagrado por la nuevas costumbres de leer con música de fondo (a
él dedicamos esta nueva literatura).
La obra de Kevin Castro se
dispone en dos parte; lado A y lado B, igual que un casete. En ese
sentido, entandamos los poemas recogidos por Kevin Castro como un mix tape, una
mezcla de un nuevo sentido poético que “era
posible que algunos intelectualitos sin vida/ sexual dijeran/ que aquello del
rock n’ roll era una huevada /o una mala copia de Parra/ o una mala copia de
Bukowski/ o una mala copia postpunk -surrealista-/ neohorazeriana /preparacontrainfrasupramegahiperarchimierdos/
a/ pero que en realidad/ les dijo/ era una copia exacta/ de su puta madre”.
Este fragmento del poema El manifiesto de
Ronald McDonald (Dis faquin shet) recoge el sentido de la obra Los tiempos Jurásicos, ir contra todo,
hacer lo que se le dé la gana, con la rebeldía de un rockero o mejor aún, un
salsero haciendo lo que se le da la gana con su son.
Lado A
El poemario abre en el
lado A con el corte (es el poema pero sigamos la idea inicial del mix tape) Atemporal, un poema que era y es, y que
define lo definido y se aterra con que nada ha sucedido. Continúa el manifiesto de Roland Mcdonald (dis faquín
shet) que me parece el más memorable, también es el más largo del poemario.
En este poema el payaso Ronald habla a través de un traductor, una chica del IDAT, y da instrucciones y habla, divide
la opinión y genera controversia. Pienso que este poema es una
alegoría a todo el movimiento Alt Lit. El personaje, un típico icono norteamericano,
de un restaurante de comida chatarra, es la voz de esa otra generación que se cansó
de hablar, u olvido hacerlo, y ahora se redefine a pesar de ser vituperados por
la crítica. Es la traductora, todas esas personas, a través de las que él habla y
quienes han traído hasta aquí, en sus blogs y demás, a la Alt Lit. Eso imagino. Este
poema como una gran alegoría de un mundo poético que se redefine.
Continúa el
poema sinestesia que juega un poco
con los objetos y sus formas. Partituras
elementales (oh, Marie), es un poema que casi suena a balada jazz, hay un
verso en este que suena como una nota pedal, o mejor, es una aliteración que da
un toque melancólico, también da ritmo al poema: “debería tocar el saxo…”. El
poema huracán y poema de mierda mmvii (no sé qué pueda pensar quien lea esta reseña
y jamás haya leído nada sobre esto). Ambos poemas contienen referencias al
rock, uno a megadeth, el otro a coldplay, ambos se llenan de desesperación. El
poema que continúa, Sapiens-sapiens ultra
mix, parece una gran canción rock, una alocada sinopsis de la juventud.
Lado B
Visiones / Todos los Djs comen vacas pirotécnicas, parece otra canción rock psicodélica. Sies Millones seiscientos sesenta y seis mil
seiscientos sesenta y seis litros de cerveza, es un poema dividido por
partes que parecen juegos poéticos sobre embriagarse y escribir. Algo así como los dinosaurios debería
ser como el poema que amarra la idea de la portada con su contenido. Cántico de alabanza cuestiona a dios directamente, es
un poema realmente reflexivo. Los poemas a partir de aquí tienden a hacerse íntimos,
se cuestionan o tratan de crear otra perspectiva de las cosas; la muerte, el
amor, el sexo.
viernes, 20 de junio de 2014
El viento agitando las cortinas, ¿cómo van las apuestas?
El viento agitando las cortinas fue editado en 2008 por la editorial Mondadori en Colombia. Su
autor, Juan Carlos Rodríguez, casi un total desconocido, su reconocimiento provenía
de una revista de contenido para adultos para la cual escribía divertidos
artículos. Hoy, en el año 2014, seis
años después de su publicación creo que se puede responder una pregunta que en
su momento rondó algunas publicaciones literarias. Esa pregunta también rondó
la cabeza de muchos lectores y críticos que no hicieron otra cosa que alabar el trabajo
y la valentía de la editorial Mondadori al realizar esta apuesta. El historial
de 2008 en internet se sobrepasa en elogios, había expectativas llenas de esperanza,
como si Juan Carlos Rodríguez y su libro de cuentos viajará rumbo a un mundial
de futbol y todos dijeran que es la selección favorita. Antes, en 2007, Calibre 39 editado por
Villegas editores y compilado por Luis Fernando Charry, trata de empujar
algunos autores jóvenes (menores de 39, eso es ser escritor joven). Él no era
parte de esa lista, pero sí su amigo Juan Álvarez quien lo acompañó a la
presentación de su libro en la universidad Central durante un taller denarradores, según se cuenta, con elogios. Entendemos, el camino estaba abonado.
Antes
de continuar quiero decir que El viento
agitando las cortinas es un libro esplendido. En sus páginas encontramos
tres relatos de aproximadamente cincuenta páginas cada uno. Los relatos se
presentan en el siguiente orden: Contra
el nudismo, ¿Quién se acuerda del
capitán Scott? y Mil veces el mal
camino. En la contraportada Antonio García habla así de los personajes de
JCR: “Románticos que han decidido darse una última oportunidad, nostálgicos que
siguen en búsqueda de la inocencia, amantes que encuentran una sensualidad
vedada a los demás… Los personajes de Juan Carlos Rodríguez tienen un misterio,
una obsesión, un secreto que uno, como lector, siempre quiere develar”. Camilo
Jimenez para la revista El Malpensante describe así los relatos: “Los
tres relatos vienen en primera persona, y sus narradores hacen un ejercicio de
memoria para ir hasta el nacimiento del deseo, los tres evocan el punto de sus
historias cuando se convirtieron en personas hormonales”. La revista Arcadia
puso entre su lista de los mejores libros del 2008 a este libro. En 2008
también se editó Lo definitivo y lotemporal de Javier Moreno por parte de la EAFIT. En 2008 también se
suicidaría David Foster Wallace.
Contra el nudismo describe las bajas pasiones de un hombre frente
a dos cosas, la primera, lo calzones, “Amo los calzones con devoción”, dice el
narrador. La segunda es anatómica; los hoyuelos en la parte baja de la espalda,
a saber, los Romboides de Michaelis. La genialidad de este cuento no sólo
radica en su buena estructura, en lo bien descrito del fetiche del narrador,
sino que en lo que se supone un relato con tintes eróticos o morbosos el punto
más álgido, el encuentro sexual, es vedado. Se omite al acto carnal,
desesperadamente buscado, angustiosamente sufrido, porque “¿para qué contar lo
que siguió? Es la historia de siempre, la de todos los amantes que con una
hermosa ingenuidad creen estar descubriendo algo”. Perdida la inocencia caemos
a un lugar sin redención. Contra la desnudez es un relato lleno de humor. Pero
sus páginas no sólo cuentan la historia de un fetiche, también un momento de la
moda urbana, el pantalón descaderado. Al inicio del relato el narrado nos
advierte: “Odio los pantalones descaderados, envoltorio de los cuerpos en este
inicio del tercer milenio”. Ante este exhibicionismo, la contrariedad; decirle
a las mujeres que se cubran, “La situación era absurda, como si a un aficionado
a la música lo encerraran en una habitación a oír Mozart a un volumen tan alto
como para que le dolieran los oídos”.
¿Quién
se acuerda del capitán Scott?, relato de un amor que se
inicia colegial pero imposible, como muchos amores en la adolescencia, y se
consuma llegando a la mediana edad. Un poco tarde para idealizarlo, un poco
temprano para estar preparado para el desamor. Este relato recoge parte de la vida
en los ochenta (y que por mi parte también recoge imágenes de mi infancia en
los colegios capitalinos durante los noventa). Este relato es la historia del “Pastuso
sensible”, un tipo que maduro se entrega a los burdeles, pero no al amor, que
lo destroza al final igual que la filtración de agua arruina la casa familiar.
Mil
veces el mal camino, este relato aparece fragmentario. Es la
recopilación de mails entre un profesor y una estudiante, pero sólo leemos los
mails del profesor, de los otros tenemos conocimiento por los comentarios que
este hace, a su vez, en los suyos. Entre líneas se lee una historia de amor
frustrada, una necesidad por llenar la soledad. De los tres este parece ser el
más flojo de los relatos. No baja en calidad, pero suele sonar demasiado patético
o nostálgico. Muy mimoso, no como en los anteriores relatos, en donde la caída o
subida de sus personajes quedaba con halos de misterio que el lector desvelaba,
sin que sus personajes dejaran de sumergirse en su propia perdición. Aun así,
este relato recoge los problemas de una vida madura, llena de desilusión.
Cuando Orlando Mejía Rivera
escribió La generación mutante pensaba de una manera muy inocente (o tal vez
consiente pero con pocas referencias directas) sobre lo que resplandecería en la
literatura colombiana. Y acertó casi en todo. Los escritores colombianos ahora son superiores
a los que él puso como ejemplos. Cada uno de los puntos que mencionó sobre lo
que es la generación mutante lo cumplen hoy, a la perfección, escritores como
Juan Carlos Rodríguez, Javier Moreno, Juan Gabriel Vázquez, Juan Esteban
Costaín, Andrés Felipe Solano. Sobrepasamos el tema central de la violencia, por
lo menos ya no los referenciamos de manera directa, esto dejo de ser la sicaresca que llamaba Faciolince.
Esta literatura está reconsiderando otras formas de contar, más cercana a
movimientos que han ocurrido (u ocurren) en otras partes del mundo; Oulipo, Fuguet y el Mcondo, el
acogimiento de temas de la cultura pop. Todo esto lo referencia Mejía Rivera en su libro.
Sin embargo lo que nos importa
es Juan Carlos Rodríguez y el libro El
viento agitando las cortinas. La pregunta que se hacían todos y sobre la
que apostaban a ganar era (más o menos) la siguiente ¿será este un éxito
editorial y tendremos un empujón a los libros de relatos en Colombia?, que viendo
el panorama lleno de concursos de relato y cuento lo menos que uno esperaría es
un movimiento editorial por ese lado fuerte, pero la novela es indestronable, y
en Colombia el cuento sigue siendo una tarea de escritores de segunda (no lo es,
claro, pero así se trata). Seis años después de ser publicado, de ser alabado,
cosa que aun hoy debemos hacer: El viento
agitando las cortinas es probablemente uno de los mejores libros de relatos
escrito por la generación nacida del 70 a 80. Pero lastimosamente (o
afortunada, uno no sabe), el libro se consigue en el centro de Cali a 2000
pesos, te lo dejan en mil. También puedes llevar 3 x 5000. Tal devaluación de
un libro de esta calidad es vergonzosa, sobretodo porque no es un libro de
vieja data ni mala edición. Probablemente Mondadori perdió mucho dinero, a la par de
que algún editor perdió su empleo. Así que, si preguntan ¿cómo van las apuestas?
-Pues perdimos, mijo. Fue una pérdida grande. Con unos resultados así cómo se
apoya a nuevos escritores. Sin embargo, su precio podría hacer más accesible a los lectores el libro, el cual no defrauda a nadie. Mis alabanzas al libro de Rodríguez.
lunes, 10 de marzo de 2014
3am, Recorte a una página de Cruz Kronfly, Amapolas al Vapor (1996), pag 175.
La vida
Sobre la mesa
de la cantina,
la exhibo públicamente
en toda su intimidad,
junto a las copas y a las
monedas de la pianola.
Cálida ella,
de ojos lumbrosos,
sabia como ninguna
si es que acaso
en su ajetreo y frotamiento
algo ha aprendido.
Como una puta que se quiere.
Respirando sola y agotada en el bar,
sudorosa y comprensiva
como una mirada amanecida.
Efluvio bioeléctrico.
La vida.
Sobre la mesa
de la cantina,
la exhibo públicamente
en toda su intimidad,
junto a las copas y a las
monedas de la pianola.
Cálida ella,
de ojos lumbrosos,
sabia como ninguna
si es que acaso
en su ajetreo y frotamiento
algo ha aprendido.
Como una puta que se quiere.
Respirando sola y agotada en el bar,
sudorosa y comprensiva
como una mirada amanecida.
Efluvio bioeléctrico.
La vida.
lunes, 17 de febrero de 2014
Se Buscan Lectores
Hay varias cosas importantes, la primera:
esto no es importante. La segunda: luchar para que esto llegue a manos ociosas
y no a gente ocupada en señalamientos sobre y para. Se buscan lectores,
básicamente. El Desocupado Lector, ese ser ocioso de Cervantes que para
Baudelaire no era más que un Hipócrita, del que Barth (como bien me lo hizo
saber Alberto Sánchez Galeano) decía era un obstinado hijueputa, lector que
Cruz kronfly quiere convertir en agónico, antes que un trabajador como decía
Zuleta o un ser abierto al goce como dice Manguel. En fin, cada quien es lo que
quiere ser. ¿Han escuchado eso de los derechos del lector?, bueno, están en todo su
derecho de No Leer nada de lo que aquí mencionaré. Deténganse antes de que sea
tarde porque cuando nos recomiendan un libro este queda destinado al olvido. Es una
ley del universo. Esto no es una recomendación, sólo escribo, ustedes leen. No
intenten buscar ninguno de los escritores que mencionaré, ni dar clic en los
enlaces que encontrarán, ni ir a las librerías a comprar uno u otro.
Cuando Umberto Eco escribió ese libro Signo
¿qué quería decir?, mostrar la función y desarrollo de eso que llamamos
"signo", o jugar con nosotros sobre los modos de interpretación de
este. Lo pregunto por las cosas que encontramos hoy y definitivamente debemos
saber de qué manera interpretar, por lo menos en el escenario comercial. No
está mal abogar por un poco de inversión en el tema editorial, si no en modos de
publicación sí en formas de promoción y acercamiento, acceso a sus clientes,
los lectores. En Colombia se escribe mucho, eso lo dice Luz Mary Giraldo, y no
hay que ser un académico para notarlo. Los números de novelas, cuentos y poemas
que se presentan a los concursos literarios son enormes, y van en aumento. Cada
vez que se abre convocatoria a algún concurso literario, y vaya que hay muchos
concursos, rebosa el número de inéditos esperando su turno de ser galardonado. Tan así, que
probablemente no sea difícil decir que entre nuestros conocidos haya alguien
que ha ganado uno; un amigo, un profesor, un familiar, o (abstracción
máxima) el amigo de un amigo. Que se escriba mucho no quiere decir que se
escriba bien; no todo es tan bueno, pero definitivamente no todo es tan
malo. Ahora tenemos este signo tan inmenso como el número de cuentos
presentados al Concurso Nacional de Cuento del Ministerio de Cultura y RCN:
29.496 (global).
Podría equivocarme en lo que viene primero
y después.
¿Qué está sucediendo con la literatura
colombiana?, cuando escuchas que Juan Álvarez es invitado a la Feria del Libro
de Guadalajara como un escritor con proyección, siendo aún joven (el tiempo nos
afecta a todos), junto con otros, claro, pero a él, al colombiano, tenemos
algo. Luego en la revista Granta Andrés Felipe Solano es nombrado uno de los
mejores escritores en español. No es para inflar el pecho, pero sí para prestar
atención. Entonces tenemos a la Revista Arcadia nombrando a Los Estratos,
novela de Juan Cárdenas, como una de las mejores del 2013. Los adjetivos
podemos dejarlos de lado, lo que nos importa es la relevancia que están
teniendo los escritores colombianos. Andrés Arias, es otro que ha llamado la
atención con su novela "Tú que Deliras". Al lado de estos escritores
hay otros, no menores, pero que dejan sus textos libres en internet, Fabian
Buelvas, Juan G. Sánchez, Javier Moreno, todos ellos con buena calidad. Sumemos
los blogs (como el de los antes citados) que pueden darnos otras ventanas a la ficción o la poesía como la de
Daniela Prado, poeta caleña (¿han leído Los Detectives Salvajes?, ella es
como Cesárea Tinajero, sólo que no está perdida,
no todavía). Y así
muchos, Ana Colombia, Isabel Estrada, (quién colabora con los muchachos
de La Silla Renca, editorial independiente en Popayán), Leonardo Torres en el
blog Taja Lapiz, toda la gente que a nivel local (Cali) ha pasado por la
fundación Plenilunio, que imagino debe tener su referente en cada ciudad de
Colombia. Hasta este mismo blog sin suerte lo intenta. Así que la esfera crece, la burbuja es innegable. ¿Qué sucede con la literatura colombiana?, nada, o
mejor dicho, busca lectores. Antonio García Ángel, quien tuvo como tutor a Vargas llosa. Andrés Burgos. Estoy tratando
de recordar nombres.
Incentivar la lectura es algo que se hace confuso. Los programas optan generalmente por dos caminos, se aboga por la
lectura como algo de buena costumbre, que ayuda hacer mejores personas, que nos
despierta y nos levanta. Sin duda leer nos cambia, pero no se puede moralizar
ese cambio. ¡Una moral dentro del arte es horrorosa! El segundo camino es
abogar por la lectura pero de las obras cumbres, de lo mejor de lo mejor, obras
que exaltan el espíritu y abren la imaginación, obras que nos llevan a otros
mundos. Sin duda, pero es como recibir la peor educación tradicional y
conservadora del mundo. Literatura es libertad. Si hay obstinación en el Lector
de Barth, lo que hay en el escritor es terquedad. ¿De qué viven los
escritores?, no lo sabemos, que encontremos obras en internet gratis dice que
no de sus libros. Ver tantos escritores (sin duda no los nombro a todos, faltan
¡faltan!) y ver un mercado rancio de Faciolinces, García Márquez y compañía da lastima.
¿Dónde encontrarnos con la literatura? Internet parece un camino. Sin embargo
ante los esfuerzos debemos decir que esto sin dinero no camina. Juan G. Sánchez
busco ayuda para financiar su libro, lo autofinanció, se puede decir. Juan
Álvarez probablemente de no ganar el concurso de cuento no hubiera llamado la
atención de las editoriales, algo parecido de lo que sucedió con Medina Reyes. No tienen que ser grandes editoriales, con las que
tenemos son suficientes. Meterle mano a la promoción y
acercamiento, arriesgarnos a publicar, arriesgarnos a leer. Tener la
posibilidad de encontrar los libros, así sea en las ciudades principales, por
ejemplo, Juan Cárdenas por ahora sólo se consigue en Bogotá.
Es importante acercarnos a la literatura, hacer
de nuevo memoria sobre las formas de esta en la narrativa nacional. Hacer crítica
seria, la que dicen seria. También alguna que otra no seria (como esta). No
necesitamos más tesis en las bibliotecas sobre nuestra literatura. La
necesitamos mezclada en nuestra manera de pensar, en nuestra percepción del
mundo. Hablar de literatura y proveer las posibilidades de encontrarse con
ella, nada más para que esté allí esperando un lector. No un estudio profundo,
que sirven, claro, pero no para lo que interesa; encontrar lectores. Hablar de
esto, de esto, y de esto, para que despertemos. Algo está sucediendo con
nuestros escritores y vale la pena verlo. No dejarlo pasar, acercarse y ver de
cerca, de lejos, en perspectiva, como un panorama. Un panorama a un panorama,
seguro un estudio a estos libros y escritores existe. Pero los textos académicos
le aburren a mi madre, ella prefiere la historia dentro de Los Hermanos Cuervo.
Mi hermano la única interpretación que hizo de Barranquilla 2132 fue que le gustó
mucho, y bueno, lo demás, que es lo que todos esperan porque parece muy
importante; el análisis, vendrá después o no. ¡Qué importa! La literatura
requiere de ocio, y el ocioso vive perdido en sus caminos, en la distracción y
la contemplación, y a veces eso es lo que importa.
lunes, 3 de febrero de 2014
Diarios de Nada, Juan Guillermo Sánchez
Los relatos perdidos en la cotidianidad del libro Diarios de Nada bien podrían ser todos una misma y sola historia, que a diferencia de lo que intenta decirnos: Esto son relatos que van hacia ningún lado, en realidad se dirigen hacia esos momentos tediosos o aburridos en donde las decisiones triviales son pan del día a día. ¿Es Diarios de Nada una absoluta huida hacia el vacío? Probablemente no, pero es el fragmento de realidad que tratamos de olvidar por no llevarnos a ningún lado. Y precisamente ese ningún lado tiene una dirección precisa; la intensidad y exploración narrativa.
Juan Guillermo Sánchez es un
escritor colombiano, que contra toda dificultad emprendió una campaña para financiar el libro, en el que creyó desde el principio. Había participado en el Concurso de
Cuento Ciudad de Bogotá en 2007, no ganó, pero no dejó allí la
posibilidad de ver materializado sus histéricas y tediosas historias (cualquier
adjetivo que pudiera valerse de un significado negativo aquí adquiere otro
sentido). También contra todo pronóstico Juan G. Sánchez me sorprendió con un
regalo en día de reyes, una copia de su libro autografiado. Espero hacer honor
a ese obsequio.
Los 16 relatos que integran
Diarios de Nada no tratan de ocultarnos nada, refieren hechos cotidianos, sentimientos
a los que se tiene fácil empatía. No hay adornos, ni grandilocuencias, tampoco
está clara una elaborada técnica narrativa. Dentro del libro notaremos
diferentes formas de llevar la historia. Tenemos, por
ejemplo, Fuga Big-Bang en una histérica y peculiar narración que se desarrolla
en primera persona y con tintes metanarrativos que te saca una sonrisa.
Historias que parecen ir de para atrás como Loto Punk. Historias de
borracheras, salidas nocturnas, relaciones de pareja; catarsis del novel escritor
tratando de dar vida a sus historias.
El libro ha jugado con un
elemento que lo hace dinámico. Integra bajo el título de cada relato un
paratexto que te llevará a una página web, en la que podrás leer un poco más
sobre este o el escritor. Este paratexto es muy interesante en términos de
conectividad. En su versión física o digital podemos acceder a contenido
distinto, que amplían o generan grupos de lectores. Esto también amplía la
propia proyección de la idea de libro tan en debate hoy. Estos paratextos son fácilmente
leídos por un teléfono celular o en la versión digital (que encontramos gratisen internet) a un clic.
Al leerlo notamos una voluntad
desenfrenada que nos quiere llevar al caos, una escritura que quiere Ser. Allí
lo valioso de esta propuesta. Tenemos historias cotidianas bajo todas estas
pinceladas de un escritor joven, con todos los errores que implica la
escritura, pero también con toda la fuerza por vencerlos. En nuestras manos
tenemos un panorama sobre la vida en crudo, escrito con terquedad.
Juan Guillermo Sánchez es autor
también de la novela Balda Track, recientemente fue lanzada. Desde Canadá
tenemos esta historia que está impregnada de música por todos lados. Se cuela
entre el amor, la vida académica, la vida laboral y los bares. Jugando un poco
con la forma del libro o con la idea de novela Juan G. Sánchez nos da opciones
de lectura, cualquiera a decir verdad, mientras nos da links y posibilidades de
saltar a canciones que proponen ser la banda sonara de cada capítulo. De nuevo
un elemento de conectividad que intenta unir esos aparentes enemigos lo físico y
lo digital. Con lo que tenemos no una novedosa idea, sino una forma distinta de
leer. Ante lo que, como sabemos, Steiner se aterraría.
De Juan Guillermo Sánchez tuve
noticia gracias a una columna en ElEspectador.com, junto con otros escritores colombianos y que han dejado su obra libre en la internet como Fabián Buelvas, un
escritor con influencias cortazianas en su escritura, o Javier Moreno, en una escritura que raya con situaciones absurdas.
martes, 28 de enero de 2014
Los Hermanos Cuervo, Andrés Felipe Solano
La novela empieza con la visita al Jardín Botánico en la que los jóvenes muchachos esperan para ver una flor extraña que sólo florece de noche. Con ellos está uno de sus compañeros quien hace la voz de narrador contándonos en primera persona, como testigo e investigador la vida de los Cuervo. Su extraña presencia de jóvenes pálidos y raros es comidilla en los pasillos del colegio, donde entran los Cuervo luego de ser educados en casa por la abuela. Las hipótesis sobre los cuervo se derivan en 1) Sexuales, 2) Las siniestras, 3) Las diabólicas, 4) Las marcianas. Poco a poco vamos escuchando cada una de ellas a lo largo de la primera parte. Sin embargo es para su compañero una obsesión que irá en aumento. Con ecos muy urbanos la primera parte de la novela habla de la Bogotá de los noventa, de la violencia y de la actividad de unos jóvenes obsesionados con construir una antología del mundo mediante enciclopedias.
*
“Caí
en su telaraña cuando ya había pasado la peor época de las bombas en las calle.
Aun así nos sentíamos en plena guerra mundial. Todo a causa del apagón
decretado por el Gobierno que recortó la electricidad de nuestras casas todas
las tardes y noches durante más de un año. Si no estoy mal, la energía regresó
a nuestros hogares en abril o mayo de 1993” Pag 29.
Hay
un asombro constante que nace de las observaciones de su compañero (el narrador) sobre la forma
de vida de los Cuervo, de las que hace comparaciones con la suya, creándose frustraciones. Los Cuervo parecen
mucho más avanzados, independientes y sabios. Con ellos conoce el burdel que
era mito en los pasillos del colegio, se inventan una banda llamada Las Monjas
Muertas o una radio pirata en la que tocan su música favorita. Los Cuervo no
viven el tedio de la vida moderna, trabajan en cosas no comunes, como ponerle
cinta a las ventanas para que las explosiones de las bombas no quiebren los
vidrios. Y no sólo eso, la abuela Rosa es un personaje tan infranqueable, tan
duro como una pared y que se ha tomado la vida de sus nietos bastante en serio.
De vez en cuando da unas caladas a un cigarrillo con el que recuerda a su
marido. Aquel al que no le pudo dar un hijo varón, sino una hija, Beatriz, o
Betty, quien es la madre de los Cuervo. Una madre ausente. Toda esta actividad
que se ha llamado extravagantes, son la cereza de un pastel que se preparó
tiempo atrás, en la propia vida de Rosa Aragón.
La primera y segunda parte parecen estar más enlazadas directamente entre sí, que la tercera, ya que la segunda obedece a un documento que se encuentra en la primera. La tercera parte nos llega sin mayor referencia directa, pero en su narración termina por aclararnos (si no darnos más preguntas) momentos de la vida de Betty, como la fotografía junto a un hombre que llama la atención en las primeras páginas.
*
“Ese
día en la biblioteca también hallé un libro titulado Grandes crónicas deportiva
que incluía un extenso perfil sobre Vicente Aguirre, ese era su nombre. El tipo
había sido campeón tres veces de la Vuelta a Colombia. De inmediato recordé lo
que mencionó Priscila cuando me habló del entierro del abuelo. Además de
parecer en la foto junto a Betty, el hombre había estado con Rosa en el
cementerio”. Pag. 105
Los
Cuervo para el cumpleaños regalan a su compañero y amigo una revista de
ciclismo, algo sin importancia aparente. Luego, más adelante, le entregan una
caja con regalos, entre ellos una fotografía de Betty junto a un hombre. Una
noche hace la relación y ata cabos; el hombre que acompaña a Betty es el
ciclista de la revista. Pero la revista ya no existe, su madre la botó junto a
la pornografía que un día encontró. La investigación lo lleva hasta una crónica
deportiva sobre la vida de Vicente Aguirre, un ciclista con vida de rockstar y
talento imposible de igualar. El ciclista se construye a pulso, hasta hacerse al título del Ángel Exterminador y con él, al título
del mejor ciclista de Colombia. Su
matrimonio con Susana Vieco, la posterior desaparición de ella y la vida
decadente que vive el deportista en la guajira dueño ya de su pasado y una
tienda, son también parte de la crónica.
Si la primera parte de la novela nos sonaba intimista, llena de asombro, hipótesis y ganas de vivir. La segunda es mucho más centrada; no hace reflexión ni comparación, a lo sumo trata de hacer conjeturas. Exhibe la vida sin adorno de Vicente Aguirre, junto a la voz de Rosa Aragón, esposa de León Sierra, uno de los mejores narradores de aquel deporte. Rosa se nos muestra como una mujer que hace cosas similares a los Cuervo, recortar fragmentos de periódico o fotografía sobre ciclismo. Tal vez movida por el mismo sentimiento que mueve a sus nietos a hacerse a una enciclopedia sobre edificios raros; el amor por crear un mundo para quien aman; Rosa para León; los Cuervo para su madre, la mujer que vive recorriendo el mundo como azafata, y visitando -¿por qué no?- lugares como los que ellos catalogan.
*
“Betty
se sentía bien de estar lejos del frío, de su aburrimiento habitual, del
silencio de su casa. Siempre le había parecido desproporcionada, una
exageración cercana a la vulgaridad”. Pag. 173
La
tercera parte se alza con la vida de Betty, un encuentro con Aguirre ya
viejo y sin la presencia de su época de superestrella del ciclismo, también es lo
último que sabemos de ella. Buscan a la mujer de Aguirre quien es una pieza
fundamental en la segunda parte de la novela, una mujer que sufre de esquizofrenia
y simplemente un día decide irse, sin más. Aguirre vivió con esa pena. Un
paquete que recibió lo hizo emprender la búsqueda de nuevo. Al principio pensó que
se trataba del abusador de su esposa, algún enfermo y sádico, dado que lo que
recibió fueron unas bragas usadas, bragas que el reconoció como de su esposa. Luego
se da cuenta de la verdad. Mientras eso sucede vemos a una Betty capaz de ser ella
por sí sola, sin la voluntad de su madre. Quiere algo diferente, sin que eso
sea mejor o peor de lo que tiene en casa. Betty y Aguirre tienen un encuentro
amoroso. Betty quiere vivir, sin las nostalgias y rutinas de su madre. El camino
es una limitada victoria, vivir tratando de hallarse sin reconciliación.
Los sentimientos de la búsqueda están por toda la novela. La nostalgia de algo que se trunca por razones que son propias de la vida; la enfermedad, la muerte, la rebeldía, la nostalgia.
La novela hecha de una forma muy consiente. Amarra la vida de estas personas y relata tres épocas distintas y de tres diferentes formas, sin que jamás el hilo se nos pierda, sin dejar de atraparnos por la fascinación de sus personajes. No pierde su voluntad de querer adentrarse siempre en la vida de los Cuervo. Como en una novela policíaca los pequeños detalles son los que importan; una fotografía; una revista; una flor; una crónica deportiva; un cigarrillo. La vida se vive sin hipótesis; corre como Aguirre, y es narrada por alguien como Sierra.
Andrés
Felipe Solano se ha merecido el reconocimiento de la revista Granta como uno de
los mejores narradores en español, y no es para menos, Los Hermanos Cuervo es
de las mejores novelas que se ha escrito en este país. Luego hablaremos de él.
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