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viernes, 12 de diciembre de 2014

Invariablemente


Va tarde, lo sabe, ¿qué tanto?, es lo está por descubrir. Lleva los auriculares puestos, el autobús va atestado de gente. Escucha Atom heart mother de pink floyd. Sabe la canción dura tanto como el recorrido. Así,  invariablemente de lo que suceda,  descenderá en la parada que le corresponde en el mismo momento en que esta termine. Esto no se debe a la eficiencia de la ruta o el servicio de transporte, el cual nadie estaría en desacuerdo de calificar como una mierda, sino a que contiene, invariablemente, todos los contratiempos posibles que la retrasan. Años anteriores el mismo recorrido sólo tomaba 10 minutos. Esto se escribe también en el tiempo que dura la canción y terminará, invariablemente, en el mismo momento que ella. Hace esto todos los días al volver. Una señora, con un bolso muy grande, lo pisa. Una expresión de malestar enseña su rostro, sin embargo, no gira para ver  a la señora y decirle con la mirada cuánto le molesta ni reniega ni hace nada, acepta todo con estoicismo. Esto es así. 

Mientras escucha la canción le molestan las notificaciones del chat de facebook informándole que Claudia le escribe. Está apretado entre la señora del bolso grande y un viejo que hiede a cigarrillo. En este momento ha empezado el solo de guitarra. Mueve su pie, el ritmo lo induce. Pisa a alguien en el tercer movimiento hacia arriba y abajo de su pie izquierdo. Mira para disculparse. Es una chica de buen aspecto. Se disculpa. Se dice que nunca la había visto en esta ruta ni a esta hora. Va agarrado del pasamanos superior. Sus manos están arriba, aunque no del todo la izquierda, allí lleva el celular. Cada tanto ve a la pantalla. Así sabe que las notificaciones son de Claudia. Ve la hora pero le es indiferente, sabe que va tarde y que invariablemente todo acabará junto con la canción de pink floyd. Se han reproducido apenas 7 minutos. El bus gira en la esquina del comercio, se adentra en el barrio. Como a 200 metros hay una parada de autobús. Allí se detiene porque alguien oprimió el timbre. Una persona cruza por atrás suyo, lo empuja hacia adelante. Recuesta su cuerpo contra la chica hermosa a la que no ha dejado de ver, pide de nuevo disculpas, trata de decir que no ha sido su culpa, son los malestares invariables de esta ruta. En este momento la canción que se reproduce en su teléfono y que viaja a través del cable de los auriculares para sonar en sus oídos llega al punto del coro gregoriano. Él está viendo a la chica a los ojos durante ese instante en que alguien cruza por atrás suyo y el se recuesta y pide disculpas. Por un momento piensa que ese momento es mágico; sus miradas encontrándose, el coro de fondo, todo muy angelical. Sin embargo, mientras tiene este pensamiento, alguien lo golpea en la cabeza. 

Ya casi, se dice. Cierra los ojos, escucha volver el solo de guitarra. Se imagina por un momento tocándolo. Él es Gilmore. Se deja llevar. Mueve un poco su cuerpo, baila levemente. Es inevitable, siempre lo hace cuando llega a este momento. Probablemente sea el minuto 12 o 13. 

Recuerda que va tarde, así que vuelve a la realidad, a esta, la del viaje en autobús a través del barrio donde ha vivido los últimos 15 años de su vida. Se queda viendo a través de la ventana. Tiene recuerdos de su infancia, recuerda haber corrido por una y otra calle. Haber visitado a una chica o dos, haber vencido en un partido de fútbol en aquel parque. La chica hermosa le pide un permiso, se levanta. Se baja en la próxima parada en la que el autobús se detiene. Se le queda mirando el culo. Piensa que en verdad nunca la había visto. Va tarde, pero no puede hacer nada. Invariablemente la ruta de autobús durará lo que dura la canción reproduciéndose. No le queda más que refugiarse en ella, esta es el tiempo, el único.      

La canción de pink floyd se divide en 6 momentos. Tal vez haya el mismo número de paradas en la ruta de autobús. No lo sabemos porque no las hemos contado todas. Hemos mencionado simplemente dos porque han sido de importancia en la historia. Retomemos: la persona que cruzó atrás suyo empujándolo hacia adelante. La chica de aspecto hermoso. El viejo con olor a cigarrillo se sentó en el puesto de la chica hermosa. Una adolescente con un morral de hello kitty. Una parada en la que alguien timbró para bajarse, en la que el autobús obedeció pero nadie lo hizo. Se pierde todos esto momentos porque se concentra en la canción que escucha. La adolescente se bajó mientras él tenía cerrados los ojos e imaginaba que era Gilmore. Los sonidos se vuelven átonos, se orquestan trompetas, suena como a caos. Lo disfruta. Está cerca a la parada, la suya, lo sabe, también que va tarde, lo que no sabe es cuánto, eso lo descubrirá en los próximos momentos. La canción suena con un sonido de violín, o violonchelo, y es nostálgico. 

El bus se ha desocupado un poco, esto le da posibilidad de que pueda soltarse y acomodarse para leer los mensajes de Claudia. Abre la ventana de chat en su teléfono, lo primero que ve es un emoticón que llora. Sube, ¿ya llegaste?, pregunta ella. ¿Dónde estás?, ¿te esperamos?, hoy ha sido un lindo día, te quiero. La canción llega al punto de coros sublimes, se anuncia la próxima parada. Ve que hay una notificación más. Acerca su dedo y toca. Se extiende la pantalla de notificaciones, alguien te ha mencionado en un comentario. Toca con su dedo para leer, tal vez es algo por lo que voy tarde, piensa... sabe que invariablemente se sentirá como una mierda, que tendrá que pedir disculpas. En este momento acaba la canción. No hay mucho que podamos decir para justificar esto, justo como Andrés. 

martes, 15 de julio de 2014

Efecto 2000, el blog del nuevo milenio



Cuando iban a ser los años 2000 nos dijeron que las computadoras enloquecerían y el mundo acabaría. Pero las computadoras no enloquecieron, lo hicimos nosotros, y el mundo se vio en crisis, hubo miedo, hubo paranoia. Las torres gemelas caen, nos dicen que hay un eje del mal. Todos combaten. Colombia no clasifica al mundial. Colombia es presidida por un tipo que nos hunde en nuestra propia miseria. Las Britney Spears y Christina(s) Aguilera(s) aparecen. Los 2000 son esos años de nuestra adolescencia, de nuestra juventud perdida en música, sexo y drogas. Aparece el rey internet: chats, juegos en red, blogs, porno. Tiempo perdido.

Los 2000' son la niña fea que nadie saca a bailar en la fiesta. Pero como la suerte de la fea la bonita la desea, aquí va esto.

María Yuste se inventó esta genialidad: Efecto 2000. Por aquí ruedan tamagotchi, historias de chats, crisis juveniles, y todo lo que ha significado vivir en estos años. En Efecto 2000 escriben dos jóvenes escritores que no hay que perderles la pista. Uno es Oscar García Sierra, quién ha aparecido en los blogs "Tenían veinte años y estaban locos" y "new wave vomit". El otro escritor es mujer, Elisa Victoria, quien ha escrito una novela llamada Porn & Pain, editada por Esto No Es Berlín. Invitadísimos a leerla, y leer el blog. Tampoco se pierdan lo que poco a poco va construyendo María, a quién aprovecho, abrazo y doy mi admiración. 

La lista de escritores es más amplia, escritores que apenas voy conociendo, y de los cuales luego me gustaría hablar:
















Pronto hablaremos más de esto tan divertido. Por ahora disfruten y sigan el Efecto 2000.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Nocturno, en la fotografía Pound y Olson

Nocturno 

El sonido del tiempo 
Avanza en el aire 
perturbado por la gravedad 
del recuerdo; se alarga por 
días y meses en lo que 
dura encendido el cigarrillo
entre mis dedos.

Miles Davis suena, So what. 
Un viejo disco, Kind of blue 
Viejo ahora 
Cuando de la memoria y los sonidos 
Extraigo más vida que del  
Cuerpo sentado a la mesa. 

El tiempo es un disco que 
gira en silencio. Una hoja que se tira
Para volver a ser escrita.


En alguna parte de la memoria 
Una canción, 
Al caer la noche con mis 
Ojos perdidos en el sueño de 
Otra vida, me despierta. 

Didier A. Castro

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sobre una esperanza que no existe o ya es costumbre y ha perdido cualquier sentido y aun así no se dice nada.

Tiene su boleto de la lotería en la mano izquierda, está frente al televisor con el rostro sin expresión. Es de noche, la luz de la sala está apagada y todo es oscuro excepto el rostro del hombre; se iluminan con las imágenes de su Sony LCD de 42 pulgadas. En la mano derecha tiene el control remoto. Espera sin ánimo, se esfuerza para quedarse despierto, fue un día difícil de trabajo. Su mujer duerme en la habitación, lo había llamado un par de veces antes sin lograr persuadirlo, siempre permaneció en silencio y ella recibió aquello igual que un grito de ¡Cállate!. En cualquier momento transmitirán el sorteo, lo sabe demasiado bien. En la televisión hay un reality show; un grupo de jóvenes con camisetas negras luchan por convertirse en actores de verdad, donde "actores" significa tener un buen cuerpo y un buen rostro. Ninguno saldrá de allí siendo un actor, esa es una realidad que inventan. El hombre frente al televisor no piensa nada.


-Creo que Alejandra quiere hacerte ver mal, exageró en toda medida su reacción.
-Era una broma, y ahora seré la mala del paseo.
-Cálmate. Ya verás como todo saldrá a tu favor, el país entero te está viendo… las cámaras no mienten.
-....
-Ya tenemos una razón para ponerla en peligro de salir está semana de la casa.
-¿Lo crees?
-Sí. Mira, hablemos con los demás y verás cómo están a tu favor, ella exageró la reacción y quiso gritarte por ser desconsiderada con su problema de salud, pero todos sabemos que es mentira; ella no sufre de nada, lo inventa cada vez que quiere llamar la atención. Lo hace para hacerse coger lastima.
-....
-Este país abusa de tener buen corazón y siempre vota para proteger la gente que aparenta ser débil.
-Es muy astuta, entonces.
-Sí, por eso te digo que no te deprimas, todos sabemos que fue sin mala intención, estoy segura que los muchachos te apoyarán y mira, con el voto de Andrés, Carlos, el tuyo y el mío son cuatro… cuatro de nueve que somos.
-Y los demás, aún estamos en desventaja.
-A ella nadie le hace caso, si quisiera mandarte al juicios de los televidentes necesitaría mínimo cuatro votos más y Carolina particularmente la odia desde que entramos aquí.
-Ella también estaría de nuestra parte.
-Ves, ya somos cinco… no te preocupes, afuera la vida es más dura.
-Tienes razón… ¿cómo estará mi mamá?
-Debe estar viéndote… mejor mándale un saludo y volvamos al cuarto, es hora de dormir un poco.
-....


El aire en la sala está viciado. Sólo se escuchan las voces del televisor. No sucede nada, el reality con bajo rating ha obligado a la productora a extrapolar ciertas minucias en las que los jóvenes -con camisetas negras con sus nombres impresos sobre ellas con letras blancas- pareciera que se quieren matar uno a otro. El editor y la jefe de redacción le dan cierta significancia a cualquier cosa que se considere una mala actitud forzando el contenido. Así todos piensan que se odian cuando en realidad juegan. Los pocos televidentes se trasnochan comiéndose las uñas porque Alejandra es indefensa, tiene un problema de salud desde chica, es pobre y su familia espera que gane para darles un mejor futuro; Patricia en cambio es una modelo ambiciosa con buen cuerpo, bonita cara, moral dudosa, parece que mira a todos por encima del hombro. Todo es un juego de cámaras, de unir algunas imágenes de aquí y allí para lograr una historia que interese. Nadie quisiera ver un grupo de chicos aburridos de sí mismos, acostados todo el día pensando que todo será mejor en el futuro.

El hombre tiene en su cabeza un pensamiento que se ha quedado estático; la imagen de un dragón devorando una mujer mientras soldados apostados a ambos lados -unos con indiferencia hacia la bestia- lo atacan.

Aprieta el botón para cambiar de canal, echa un vistazo rápido al canal de cine. Tiene una camisilla blanca, hace calor. En la habitación su mujer está cubierta con las cobijas como si la atmósfera allí fuera muy fría. Ella también ha tenido un día difícil. Viniendo de hacer las compras en la tarde tuvo que dar una vuelta por una calle extraña porque venía alguien a quien le debe dinero. Pasando por esa calle elevó cierta oración pidiendo protección, ella cree que funcionó porque no sucedió nada y pudo llegar a casa sin ningún problema. Arregló toda la casa en la mañana, limpió los trastos sucios porque el hombre, su hombre como solía llamarlo cuando estaba reunida con Nancy y Karina (esa amigas que la vida de casada le ha obligado a dejar) había invitado a un par de amigos a cenar la noche anterior. Está dormida, a profundidad no, cada tanto abre un ojo para ver si su marido ha vuelto. No se ha acostumbrado a que cada miércoles y sábado se quede frente a la pantalla esperando algo -con una certeza que no sabe explicar a su marido, primero por no querer dejarle sin esperanza, segundo, la convertiría en ave de mal agüero y no quisiera los reproches del hombre cuando gane, si gana, algo- que les cambie la vida.


-Te lo juro, ella lo hizo a propósito, quiere matarme o volverme loca.
-Creo que estás exagerando Alejandra.
-Todo es parte de su estrategia para ponerlos en mi contra, ¿no lo ven?
-¿Vas a empezar a llorar?
-Déjame, la gente ve como me están haciendo quedar mal, ella sabe que lo hizo a propósito.
-Alejandra, cálmate… ven, vamos por un vaso de agua.


En cualquier momento darán el sorteo de la lotería, revisa uno a uno los números en el papel de su mano izquierda. Medita su elección. Nunca juega el mismo número, un jugador con una esperanza muy férrea lo haría, le tendría fe a un número en vez que a la misma suerte. Él elige los números de forma cabalística; recordando hechos importantes, direcciones, la noticia en el periódico, alguna página de un libro,los une, los examina; él siente que compone una pequeña melodía y debe ser perfecta. Está cansado, aun así espera. Lleva en su cabeza la melodía de aquellos números, cree que debió haber jugado el 9 en lugar del 8. Espera no lamentarlo.

Cuando llegó a casa le dijo a su mujer que todo, esta vez sí, cambiará. Como siempre, contestó ella mientras ponía la mesa. La comida se enfrió, le entretuvieron las noticias. Su mujer tenía poca fe. Pensaba abandonarlo, pensaba. El hombre comió frente a la mujer, ella estaba en silencio. La mesa era sencilla, de madera con un mantel blanco. Satisfecho se sentó frente al televisor, la mujer hizo lo suyo; recogió los platos, limpió la mesa y apagó la luz. Se fue acostar, desde su cama llamó a su marido. Mientras lo hacía escuchaba como una joven gritaba en la televisión, música de suspenso, algunas personas discutiendo, pausa para comerciales; ese programa de televisión es demasiado estúpido, dijo antes de quedarse muda como su marido.

El sorteo de la lotería comienza.